El arte Gótico. Las grandes catedrales. La pintura italiana del Trecento: Giotto. La pintura flamenca del Siglo XV: los Van Eyck.

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LA PINTURA GÓTICA

Introducción. Elementos generales

La arquitectura gótica, con su afán de reducir al máximo la superficie de muro, que sustituyó por vidrieras, hizo que la pintura mural, la modalidad pictórica que había tenido una mayor difusión durante el ROMánico, quedara relegada a la decoración de estancias palaciales (yeso donde la parquedad de medios económicos o el clima hacían que se prefiriera a los tapices) o de edificios eclesiásticos de órdenes poco amigas de la ostentación. Sobre todo en los siglos XIV y XV, la pintura, al igual que la escultura, se independizó del marco arquitectónico, abríéndose el camino al triunfo de la pintura de caballete.

La clientela del arte de la Alta Edad Media estaba compuesta por comunidades, fundamentalmente religiosas; en la Baja Edad Media, los clientes, o al menos los comitentes, eran casi siempre particulares, razón por la que entraron en juego el gusto o las preferencias estéticas particulares, así como referencias a las condiciones de la vida social de quienes encargaban las obras. Aunque algunos artistas trabajaban en sus talleres y luego ofrecían lo pintado como una mercancía más, las obras pictóricas más importantes obedecían a encargos de la realeza, la aristocracia, los altos eclesiásticos, que emulaban a los príncipes, la alta burguésía, que, igualmente, se convirtió en patrona de las artes sólo cuando pretendía ascender socialmente, y, por último, las corporaciones profesionales urbanas o gremios.

Los pintores, por tanto, agrupados a su vez en gremios artesanales, disfrutaban de escasa libertad a la hora de producir sus obras, pues se obligaban por contrato a obedecer las indicaciones de sus clientes (“donantes” o “comitentes”) e incluso dependían de los más adinerados de ellos como parte del servicio doméstico. No obstante, y a pesar de que eran considerados y se consideraban ellos mismos artesanos, podían llegar a salir del anonimato. Muchos eran a la vez pintores y escultores, especialmente en los siglos XIII y XIV.  Y eran, salvo raras excepciones, laicos.

La pintura, ejecutada para una clientela dominada por los valores cortesanos y caballerescos que se habían difundido por medio de la literatura desde el siglo XII, se vio grandemente influida por el ideal, no sólo social, sino también estético, en boga. En ciertos círculos, la omnipresencia del mismo condujo a una laicización muy notable, que se aplicó también a las escenas religiosas, transformadas, por el contacto con la vida cortesana, en ceremonias sociales en las que tomaban parte personajes suntuosamente vestidos, de enorme elegancia en las actitudes.

Pero, al mismo tiempo, la religiosidad, como ya apuntamos a propósito de las imágenes escultóricas, evolucionaba desde la decadencia del intelectualismo escolástico hacia valores más populares y sentimentales. Se trataba de un cristianismo verdaderamente sentido, tendente al misticismo, a la fe por la vía del amor y no de la razón (se llegó a afirmar la irracionalidad del dogma). Esa religiosidad tuvo también sus ecos en la pintura, con temas cada vez más cerca de lo patético y más influidos por el teatro religioso, promovido especialmente por las órdenes mendicantes.

La aceptación en las artes figurativas del mundo material que se había producido ya en el Siglo XIII, siempre condicionada por la reducción de la multiplicidad a un orden, a un esquema geométrico, evoluciónó, gracias en parte a las teorías de Guillermo de Ockham y a la libertad del conocimiento científico que éste favorecíó, hacia un Realismo auténtico en el que cabía la representación de lo particular. El retrato, incluso, empezó a desarrollarse a causa de la inclusión de los donantes en las pinturas religiosas.


Relacionado con ello, hemos de decir que la pintura medieval no fue solo una analogía de lo trascendental (un mero instrumento al servicio de Dios) sino en cierto modo también una reproducción del mundo, incluso del profano. Este progresivo mayor interés por la contemplación de las cosas singulares y la reflexión sobre la realidad es evidente en el debate de los universales, que se menciónó al hablar de la escultura. La postura nominalista, que subrayaba que lo único existente eran los seres individuales, se relacionaba con la filosofía aristotélica y la valorización de la naturaleza y la vida cotidiana. Así, aunque en ocasiones las figuras y su ordenación respondan a modelos tradicionales, lo diferente será la tendencia a la individualización (aunque sea un coro de ángeles rodeando a una virgen o una muchedumbre en un juicio final). Se pueden diferenciar fisonomías, los movimientos del cuerpo se desprenden de un esquema uniforme y se vuelven más complejos. Para Santo Tomás la obra de arte era un reflejo del mundo físico que, a su vez, había de considerarse como una metáfora del cosmos divino.

Este interés por la naturaleza se observa en la misma interacción religiosidad-vida cotidiana que introduce nuevos géneros pictóricos: entre los pies de los santos empiezan a brotar unas flores titubeantes; en la anunciación llama la atención un candelero y un lirio. Los detalles naturales se van abriendo paso, las naturalezas muertas se multiplican (culminando en la pintura flamenca), y aunque estas poseen un indudable valor simbólico también se han convertido en un conjunto estéticamente independiente. La pintura de paisaje empezó a abrirse paso en obras como la huida a Egipto; las figuras humanas se fueron haciendo más pequeñas en relación al paisaje (en el XV ya puede hablarse de paisaje con santos en lugar de al revés).

No se había alcanzado sin embargo el Renacimiento. El historiador Huizinga dice que van Eyck o Sluter siguen siendo góticos, no renacentistas, y es cierto que aunque el uso de la luz para subrayar la corporeidad es una innovación visual, la organización de los objetos representados sigue siendo tradicional. En el políptico de Gante de van Eyck cada grupo de figuras se organizan siguiendo principios simbólicos y ornamentales, no reales. El aislamiento de la figura de raíz ROMánica sigue pues dominante. La estructura ornamental no unía, sino que separaba unas partes de otras, para subrayar la sucesión de la lectura. La reproducción pictórica parecía orientarse por el metaforismo del lenguaje: un texto se expresa en forma de narración plástica. Aun así, otros hablan al final del periodo, y refiriéndose sobre todo a Flandes, de un “prerrenacimiento septentrional” pues muchos cuadros presentan innovaciones junto con elementos tradicionales y es difícil deslindar claramente, la transición es continua.

El placer de vivir que expresaba la cultura cortesana se complementaba con el horror y, a la vez, la fascinación que ejercía sobre ella la muerte. El esqueleto, imagen de la vanidad (vanitas) de la vida mundanal, y los temas con él relacionados, fueron variando de carácter a medida que se afirmaba la alegría vital. El ejemplo moral se tiñó de rechazo a la muerte, de terror. Temas como la Danza Macabra o el Triunfo de la Muerte son ejemplo de ello.


De forma resumida, y aunque en pintura gótica es más difícil hablar de carácterísticas generales, ya que se suele analizar las diversas escuelas y tendencias, podemos señalar las siguientes:

-         Las técnicas empleadas son variadas según los soportes: temple y óleo, en pintura sobre tabla,  y el fresco en las pinturas murales.

-         El dibujo tiene una gran importancia: delimita formas, marca modelados, crea ritmos compositivos.

-         Importancia del modelado, desde tonos planos al juego de contraluces

-         La luz contribuye a destacar el volumen, pero en general no es una luz real y puede tener contenido simbólico

-         El color es un elemento clave, se utiliza en gamas ternarias, con frecuencia es un colorido irreal lleno de contenido simbólico (dorados)

-         El interés por la perspectiva también evoluciona, aparece la preocupación por el espacio pictórico a partir del Siglo XIV, con los pintores italianos y el gótico internacional

-         La composición tiene muy en cuenta el eje de simetría, con los elementos orientados hacia el centro teórico del cuadro.

-         Las formas de expresión reflejan un nuevo ideal estético hacia un Naturalismo idealizado individual  y expresivo, al igual que en la escultura.

-         La temática religiosa, y en menor escala también la profana

-         Tiene un carácter narrativo y finalidad didáctica y devocional.


EVOLUCIÓN DE LA PINTURA GÓTICA

La evolución de la pintura gótica se realiza en cuatro etapas que reflejan la evolución y la personalidad de los artistas:

El Gótico Lineal. El arte de la miniatura (mitad del XII-mitad del XIV)


Durante el Siglo XIII buena parte de los ejemplos pictóricos más destacados se encuentran en las páginas de los libros.

Si bien la miniatura fue un arte muy extendido, existieron ciertos momentos y ciertos lugares en los que tuvo un especial brillo.

En España el arte de la miniatura vivíó un episodio importantísimo en la corte de Alfonso X “el Sabio”, que reuníó a traductores, copistas y pintores para producir, aún dentro del gótico lineal, una serie de manuscritos excepcionales tanto por su contenido, de talante cosmopolita y culto, como por su forma.

En el Siglo XIV, fundamentalmente en su primera mitad, perduró el desarrollo de esta tendencia con artistas como el maestro Jean Pucelle, que fue también orfebre y marcó una importante cesura en la miniatura gótica francesa con obras maestras de delicadeza decorativa, como “el Libro de horas de Juana de Evreux”, en los que las figuras escapan al marco y se insinúan preocupaciones espaciales adquiridas probablemente a través de la pintura sienesa del Trecento.
En la Francia de la segunda mitad del Siglo XIV, los personajes más importantes de la corte, encargaron libros de horas en los que cada página iluminada muestra el mismo detalle, el mismo cuidado y la misma calidad que la pintura sobre tabla contemporánea, si no más, como puede comprobarse en las impresionantes composiciones de los hermanos Limbourg, autores de “Las bellas horas” y “Las muy ricas horas del duque de Berry”.

El estilo “italo-gótico”. El Trecento italiano (segunda mitad del XIV)


Italia, durante la Baja Edad Media, se mantuvo un tanto al margen de las corrientes dominantes en el continente europeo. Así, aunque es cierto que el estilo internacional tuvo una buena aceptación en Italia y se mantuvo hasta finales del Siglo XV en ciertas ciudades conviviendo con el primer Renacimiento, Europa se benefició aún en mayor medida de las dos grandes corrientes que se pusieron allí en movimiento: la bizantinista y la clasicista y volumétrica.

En el llamado “Trecento” se impusieron dos grandes centros artísticos: 
Siena, que continuaba la “maniera greca” del siglo anterior de clara influencia bizantina (se trataba de una pintura plana, de líneas sinuosas y sumamente amanerada, pero de una calidad destacable, que tuvo gran aceptación por la elegancia y la amabilidad de sus formas), perfeccionada y no copiada sin más por Duccio y Simone Martini, y Florencia, con el gran pintor de la Edad Media italiana: Giotto.

La pintura sienesa resulta, frente a la de Giotto y sus seguidores, mucho más irreal: empleaba los fondos dorados, los colores suntuosos y era sumamente ceremonial, aristocrática. Elementos como el fondo dorado, la alineación armónica y simétrica de santos y ángeles, la ornamentación cincelada sirven para reflejar ese orden divino.


A pesar de ello, la escuela sienesa recoge sin embargo elementos que le acercan a Giotto, por ejemplo, y sobre todo en las escenas de la pasión de Cristo, la representación de espacios más o menos reales donde se mueven las figuras, cuyos gestos y mímicas también presentan un carácter diferenciado y cierto dinamismo. También se innova en la temática: la aparición de un poder civil fuerte, como son las repúblicas mercantiles, demanda unas obras que respalden su imagen del poder.

Sus más inspirados cultivadores fueron Duccio di Buoninsegna, que añadió al hierático bizantinismo anterior ciertas notas de humanidad, y Simone Martini, que llevó a su culminación el ideal culto y piadoso de la ciudad. Las pinturas del Palacio Público de Siena, las alegorías de Buen y del Mal Gobierno, ejecutadas por Ambrogio Lorenzetti, constituyen uno de los ejemplos más ricos de pintura civil conservados.

En Florencia, Giotto di Bondone acudíó a la tradición clásica para crear un estilo pictórico en el que la investigación sobre la tridimensionalidad fue el rasgo dominante. Además el esquema de composición de la obra es extraído de la observación real de la escena y no deudor de un plan estético previamente dado.

La asignación de un espacio de acción a la figura lo alejó  definitivamente de los bizantinos. Es por ello Giotto considerado el antecedente directo del Renacimiento posterior.

En lo que se refiere a sus trabajos, participó en la decoración de la iglesia alta de Asís, el centro franciscano de mayor trascendencia, en el que trabajaron también Cimabue, Simone Martini y Pietro Lorenzetti. Además, realizó la pintura mural de las capillas de los Scrovegni, en Padua, y de los Bardi y de los Peruzzi, en la iglesia de Santa Croce de Florencia.

El estilo internacional (finales del XIV, primera mitad del XV)


A partir del año 1350, aproximadamente, las cortes europeas adoptaron de forma más o menos simultánea un estilo pictórico que no era radicalmente nuevo, pero que reunía determinadas carácterísticas que se habían ido gestando antes. Unas cortes y príncipes (o figuras como el coleccionista duque de Berry) que se rodean de artistas, en un marco de lujo desconocido hasta entonces, donde el coleccionismo de objetos como manuscritos iluminados o pequeñas tablas pintadas fáciles de transportar se convierten en algo frecuente.

El ambiente cortesano se trasladó a la pintura, constituyendo su tema más destacado, pero el estilo internacional no se caracterizaba simplemente por una temática que, de forma más discreta, ya se había introducido en la pintura del Siglo XIII y de la primera mitad del XIV en los círculos más refinados. Por ejemplo, en torno a estas cortes surge con fuerza un nuevo ideal caballeresco, recogido por la propia nobleza cortesana, que provoca la aparición recurrente de ciertos temas como la lucha de san Jorge contra el dragón, los héroes de las canciones de gesta, los amores cortesanos, etc. Que determinan la irrupción con fuerza de la pintura profana en la historia. La propia pintura religiosa, aun mayoritaria, va a recoger estas influencias cortesanas y elitistas aumentando las referencias a cortes celestiales, o en la multiplicación de las ricas telas en mantos de vírgenes y santos (por ejemplo, la escena de la “adoración de los magos”  va a ser muy demandada al permitir mostrar los vestidos de gala en sus personajes).

Pero lo que marcó de forma inconfundible al nuevo estilo fue la combinación de esa temática mundana con la importación de tierras nórdicas de un cierto detallismo realista en la representación, de considerable corrección, de figuras y fondos.
Este nuevo Realismo, más o menos idealizado o amanerado según las regiones y nunca antes conseguido en la historia del arte, alcanzó sus más altas cotas de perfección en la pintura flamenca del Siglo XV, cuya influencia se extendíó a toda Europa. En este sentido, el nuevo estilo se caracterizó por la valoración expresiva de lo anecdótico, la estilización de las figuras, el predominio de las líneas curvas tanto en los pliegues como en las posturas corporales, la introducción de detalles naturalistas con fines simbólicos, el empleo del oro que acentúa la elegancia y el refinamiento de la obra y el uso de una técnica minuciosa.

Se acostumbra a situar el punto de partida del estilo internacional en la corte papal, establecida por Clemente V en Aviñón (1309), en la que se dieron cita artistas de muy variada procedencia. En ellos se ejemplifica cómo la figura del pintor empieza a ser reconocida y el artista cortesano empieza a lograr cierta liberación de las reglas del gremio o de los contratos eclesiásticos.


La escuela flamenca (Siglo XV y principios del XVI)


La pintura de la llamada “escuela flamenca” se localiza en Flandes a lo largo del Siglo XV, prolongándose incluso en el XVI.

La relación entre Flandes y Toscana fue breve y cada uno siguió su ruta por vías divergentes.

A los artistas florentinos les faltó ese aliento colectivo, intensamente religioso, de sus compañeros de Flandes y a los flamencos les faltó esa rigurosa visión perspectiva de los florentinos aunque introdujeron técnicas italianas como el claro-oscuro, la luz atmosférica, los colores no uniformes sino esfumados, y el sentido del espacio.

La separación con la, Edad Media fue en Italia más clara, audaz y sistematizada que en Flandes


Con este poder creador, el artista se sitúa a la par de Dios. Sus antecedentes más inmediatos estarían en los miniaturistas y artistas franceses de los siglos XIV-XV, enmarcados en lo que se conocíó como “Estilo Internacional”, y caracterizados por su detallismo y minuciosidad.

Circunstancias socio-históricas


Esto condicionaría desde el tamaño de las obras, adaptadas para ser colgadas en las casas y por tanto de formato pequeño, hasta la temática con el desarrollo del retrato.

Significación e innovación


Lo cierto es que esta nueva forma de pintura se distinguía por una profundidad de la realidad pictórica que no se había visto hasta entonces. En las obras de los pintores del norte encontramos una creciente reconciliación con el mundo y el lugar que uno ocupa en él. 

Materiales y técnicas

Finalmente posibilitará la obtención de veladuras (tintas transparentes que suavizan el tono de los pintado)

Artistas

El sistema de producción artística es heredero de la tradición medieval, con un sistema gremial donde prima la concepción artesanal frente a la conciencia individual, fuertemente intelectualizada del coetáneo mundo italiano. Ello sin embargo no significó que muchos de ellos no tuvieran un amplio reconocimiento y vivieran en la riqueza, reconocidos por los propios poderes (Jan van Eyck).

Temática

Relacionado con lo anterior hay que decir que la pintura religiosa se vio ensombrecida por la cada vez mayor importancia de los temas profanos.
En muchas ocasiones se produjo una mezcla de ambos géneros apareciendo en la obra los donantes de la misma en actitudes orantes (Virgen del canciller Rollin), algo habitual en pequeños polípticos para oratorios o casas particulares.


Carácterísticas


La principal carácterística de la pintura flamenca es su deseo de representar lo más fielmente posible la realidad, a todos sus niveles, por cuanto concederá la misma importancia a una persona que a un objeto. Es una descomposición del mundo en un mosaico de detalles realistas para volver a ensamblarlo en un espacio homogéneo.

Junto a ello se desarrollará la representación del paisaje, tema casi ignorado en la pintura medieval. Carácterístico será la presencia de una línea de horizonte muy alta o la representación de paisajes rocosos, inexistentes en Flandes.

En lo que se refiere a la composición, está enormemente elaborada y es fruto de abundantes estudios previos. Todo ello recuerdos de los estilos anteriores que hacen aproximar este estilo al gótico. El espacio, los objetos, las figuras, la luz, están representados desde un punto: el lugar desde el cual el pintor ve la realidad. Se conseguirá así, como señálamos antes, un ilusionismo espacial que sirve para localizar a las figuras y objetos.

Artistas destacados(completar a partir de lo comentado sobre sus obras en clase)Primera mitad de siglo. Los precursores: los hermanos Van Eyck y Roger van der Weyden

Jan van Eyck


Es el precursor y principal miembro de esta escuela. Su mejor obra es El Retablo de San Bavónpolíptico de doce tablas, donde se resume la pintura flamenca: la perspectiva empírica, la obsesión por el Realismo se transforma en un detallismo extremo (la misma perfección tiene una figura del primer plano que la hoja de un árbol del fondo), el dominio del dibujo que ayuda a hacer un estudio de calidades táctiles, sobre todo en el tejido, la sencilla composición simétrica, el colorido brillante, el misticismo de la obra…

Otra obra destacada es la Virgen del Canciller Rolindonde Jan convierte un tema religioso en unos estudiados retratos, con un protagonismo de paisaje y todo ello dentro de una escena cotidiana y en un escenario cotidiano y real. El detalle es el mismo para el rostro que para la torre campanario del fondo. No hay profundidad visual porque el dibujo es el mismo, siempre nítido.

El detalle en los vestidos es extremo. Es el símbolo de la fusión entre lo celeste y lo terrenal, esa necesidad de comunión espiritual directa sin necesidad de la Iglesia.

Muy conocido es también su El matrimonio de Arnolfini
. Abundan los símbolos.

Rogier Van der Weyden


Influenciado por Campin y Jean Van Eyck, trabajó en Bruselas y destacó por su habilidad compositiva: las actitudes y los sentimientos se organizan con un ritmo equilibrado pero dentro de un gran drama religioso.
En esta línea, su mejor obra es El Descendimiento donde vemos sus principales carácterísticas: el elemento protagonista es esa expresividad de sus figuras tendente hacia el dramatismo patético. Los fondos son planos pero las figuras son escultóricas, con relieve y volumen. En cuanto a la composición es algo agobiante porque las figuras ocupan todo el enmarque y están dispuestas sobre un fondo plano sin espacio ni profundidad. Pero aún así la composición está estudiada y ordenada repartiendo tres personajes a cada lado, colocando uno delante y otro detrás de la cruz y compensando toda su verticalidad con las figuras de Cristo y María.

Segunda mitad de siglo


Los seguidores: Thierry Bouts, Hugo van der Goes, Hans Memling, Gerard David, Ambrosius Benson, Adrián Isembrandt, Gerardo de san Juan (Gerrit tot Sint Jans). 

Van der Goes

Es el tercero de los grandes maestros de la escuela flamenca. Las figuras también gozan de un gran dinamismo, sobre todo en los mismos pastores.

La llegada del Siglo XVI


El Renacimiento en Flandes: 
El Bosco, Joachim Patinar, Peter Brueghel, Quintín Metsys, Jan Gossaert

El Bosco

Es el más original de los pintores flamencos. Pero esta locura constante en sus figuras le sirve a la vez para criticar y satirizar una realidad cruda de su alrededor. Todo ese mundo de Apocalipsis, revuelto y desbaratado no es más que la representación del subconsciente colectivo de esa masa intrahistórica, con su mundo de terrores, locuras y supersticiones y amenazas del fin del mundo en la Edad Media.

Técnicamente no es tan innovador. Pero toda su obra carece de una elemental composición, de perspectiva, espacio luz y volumen. Sus figuras son planas. Pero es porque la pintura para él no es más que un medio para exponer un tema y le interesa más el contenido ético de su obra que el estético.

La colección más importante de boscos está en España, en el Museo del Prado, porque en los primeros años del Siglo XVI los Países Bajos ya eran propiedad de la corona española y Felipe II era un gran admirador de El Bosco siendo su principal coleccionista. Hoy toda esa colección se encuentra aquí con obras comoLos siete pecados capitalesTríptico del carro de HenoEl jardín de las delicias (su obra culminante) y La adoración de los magos.

Otros artistas flamencos de este periodo y gran importancia serán:

Patinir


Es el pintor flamenco que convierte el paisaje en auténtico protagonista, cambiando además las llanuras holandesas por paisajes con personalidad propia, con rocas y agua y una luz que engloba toda la unidad.
En la Huida a Egiptoes tan importante el paisaje como la escena principal, la cual casi desaparece dentro de él.


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