Hasta los años cuarenta, la novela y el cuento hispanoamericanos discurrieron por el cauce del Realismo

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LA NARRATIVA DESDE 1940 HASTA LOS AÑOS 70

INTRODUCCIÓN.-


La novela (como la poesía) había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años 20. En esta línea se encuentra la literatura del exilio representada por Ramón J. Sender y su libro
Réquiem por un campesino español,en el que un cura evoca la vida de Paco el del molino, muerto por los odios desatados en la guerra.

Max Aub, Arturo Barea con la trilogía

Forja de un rebelde,


Francisco Ayala o Rosa Chacel, entre otros muchos, al acabar la guerra, tuvieron que marcharse al exilio por su apoyo a la República. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia sobre el tema de la guerra.

LA NOVELA DE LOS PRIMEROS AÑOS DE POSGUERRA.

En 1939 el panorama cultural es desolador; muchos autores se han exiliado y la literatura se encuentra determinada por la presión de la censura y por el aislamiento internacional, que impide que se pueda expresar una denuncia explícita. Son estos años de posguerra difíciles por la férrea dictadura franquista que había ofrecido una visión dialéctica de la sociedad, dividida en “buenos y malos”, que encontrará en el existencialismo la forma de manifestar su desconcierto ante esta situación de pobreza, hambre y represión que les provoca una profunda angustia vital. En la década de 1940 sólo hay casos excepcionales y aislados, como Torrente Ballester, Camilo José Cela, Carmen Laforet y Miguel Delibes.
Estos autores encarnan dos tendencias narrativas:

LA NOVELA EXISTENCIAL y EL TREMENDISMO

1.-NOVELA EXISTENCIAL


Lo existencial se convierte en uno de los temas fundamentales de la narrativa.

Las carácterísticas de esta novela existencialista son:

Temas como la soledad, la inadaptación, la frustración o la muerte.

Personajes presentados como seres marginados, violentos u oprimidos (criminales, prostitutas, tarados físicos o psíquicos, etc.).

Los espacios son estrechos, cerrados y asfixiantes (una habitación, un hospital, una cárcel, etc.).

Se observa una preferencia por el uso de la primera persona y el monólogo en el que el personaje cuenta su pasado

Destacan como autores fundamentales y fechas clave de publicación de sus obras:

1944:
Nada
de Carmen Laforet (recibíó el Premio Nadal, galardón que contribuyó a motivar a los jóvenes escritores a escribir novela en esta situación de desolación cultural). La trama de este libro recoge hechos cotidianos de la vida, inmersa en la incomunicación y el desencanto en la que una muchacha se marcha a estudiar a Barcelona con unos familiares derrotados en la Guerra Civil y que viven en un ambiente moral degradante. Esta joven retrata con tristeza pero sin exageración una ciudad y unos habitantes gobernados por el vacío, el desencanto, las bajas pasiones, la nada.

1948, La sombra del ciprés es alargada, Miguel Delibes
: novela impregnada de preocupaciones existencialistas, como la obsesión por la muerte y por la infelicidad a pesar de la resignación religiosa.

2.- EL TREMENDISMO


Algunas novelas reflejan los aspectos más desagradables y brutales de la realidad para efectuar una reflexión profunda sobre la condición humana. Ese lado más feo de la sociedad en el que destacan personajes violentos caracterizados por el uso de un lenguaje duro, propio de un ambiente degradado. Este tipo de novela entronca con la tradición de la novela picaresca, el drama rural y el determinismo de Baroja. Destaca en:

1942, La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela:
La novela narra un cúmulo de críMenes y de atrocidades que parecen verosímiles por el tipo de protagonista y por el ambiente. Como un nuevo pícaro, Pascual Duarte narra su biografía en forma de memorias y desde la cárcel, para que entendamos cómo ha llegado a ser un condenado a muerte, justifica toda una serie de circunstancias violentas arrastradas por la herencia y el ambiente en el que vivíó.

DÉCADA DE LOS 50. EL Realismo SOCIAL

Con la Guerra Fría, en los años 50, España empieza a salir del aislamiento y se incorpora a algunos organismos internacionales, en la órbita de EEUU. El incipiente desarrollo del turismo y la industria trae cierta recuperación económica y cambios en los estilos de vida, como las migraciones de los campesinos hacia las ciudades y, por consiguiente, la difícil inserción de estas personas en los suburbios urbanos. Al mismo tiempo, los jóvenes universitarios que han vivido la guerra como niños o adolescentes y algunos grupos obreros empiezan a manifestar actitudes críticas respecto al poder y a la división social entre vencedores y vencidos.

Para muchos, La colmena de Camilo José
Cela, publicada en 1951, es un precedente de la novela social. En ella con más o menos Realismo aparece reflejada la sociedad del momento (la de la inmediata posguerra), y aunque es una novela abierta y sin desenlace, cuenta la vida del Madrid de 1942, representada por una colmena de gentes. Son seres mediocres, obsesionados por el hambre, el sexo y los recuerdos de la guerra. El tono es pesimista y la presencia de más de cuarenta y cinco personajes importantes, además de otro buen número de personajes secundarios o fugaces, contribuye a una estructura caleidoscópica. Las acciones son simultáneas y se desarrollan en lugares cerrados. El narrador es testigo y omnisciente, y opina de todo. El estilo es impresionista, natural y desgarrado, en el que predomina un diálogo vivo lleno de vulgarismos y frases hechas.

Se observan dos grandes tendencias:

a) El neorrealismo u objetivismo, en el que el autor refleja la realidad y las conductas de los personajes sin interpretarlas ni criticarlas.
Se suelen centrar en los problemas del hombre como ser individual (la soledad, la frustración...):
Ana María Matute, Ignacio Aldecoa..

Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1956), novela conductista, es una crónica de un día de domingo aburrido de un grupo de jóvenes junto al río Jarama. Van mostrando sus vidas a través de sus diálogos; todo transcurre con monotonía –la misma que se respira en esa época en España- hasta que, por la tarde, una de las jóvenes se ahoga. Esta historia sencilla y vulgar es un ejemplo de técnica conductista, ya que el escritor recurre al estudio de la psicología de los personajes mediante una transcripción casi magnetofónica de sus diálogos.

B) Novela social (Realismo social)


Se centra en los problemas de los grupos sociales, haciendo comentarios o interpretaciones críticas de forma explícita.

Jesús Fernández Santos (Los bravos, escrita en 1954 y que cuenta la monótona vida de un pueblo leónés), Jesús López Pacheco (con su obra Central eléctrica, critica las duras condiciones laborales de un grupo de trabajadores en una presa), Juan García Hortelano (con Tormenta de verano
);
Armando López Salinas ( La mina, en la que se describen las duras condiciones de vida de unos mineros), o, Alfonso Grosso con La zanja, sobre las desigualdades sociales del campesinado andaluz, y sobre el trabajo en los viñedos andaluces en los que -a través de magníficos diálogos se enfrentan dos personajes colectivos: señores y obreros-, destaca José Manuel Caballero Bonald con Dos días de Septiembre (1961)

En conclusión, las novelas incluidas dentro del Realismo social tienen en común los siguientes aspectos:
temas propios de la sociedad española:
La dureza de la vida en el campo, las dificultades de la transformación de los campesinos en trabajadores industriales; la explotación del proletariado y la banalidad de la vida burguesa. El estilo de la novela realista es sencillo, tanto en el lenguaje como en la técnica narrativa, con diálogos en estilo directo lleno de expresiones coloquiales, con el que se pretende llegar a un amplio público. El narrador utiliza el punto de vista de la tercera persona omnisciente.
La narración es lineal y las situaciones son cotidianas con espacios y tiempos, en general, reducidos.
En todas ellas, los contenidos testimoniales o críticos son más importantes.

LA NOVELA DE LOS AÑOS SESENTA: ENTRE LA PREOCUPACIÓN SOCIAL Y EL EXPERIMENTALISMO

Durante la década de los sesenta se detecta un cierto agotamiento del Realismo social y una clara evolución hacia la experimentación y la renovación. Se produce en la sociedad un amplio desarrollo económico y un crecimiento del turismo, aspectos que contribuyen a un cambio en la mentalidad de la época.

Autores como Luis Goytisolo o Juan Goytisolo constituyen la avanzadilla de las nuevas tendencias. Se destacarán los siguientes aspectos:

1. Los escritores españoles se dejan influir por los autores europeos (Proust, Kafka, Joyce), norteamericanos (Faulkner, Dos Passos) o latinoamericanos (Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez),

2.
Las novelas pasan a ser más complejas y experimentales, quizás dirigidas a un lector con mejor preparación intelectual que en los años cincuenta.

3. Las novedades técnicas no afectan sólo al argumento (pierde importancia o, incluso, desaparece)
o la estructura (dividida en secuencias o fragmentos), también a la ortografía, ya que algunos autores suprimen los signos de puntuación, o los párrafos, y es frecuente que se mezclen los géneros.

4. Ya no se pretende sólo denunciar la situación social, sino que también se persigue la experimentación de nuevas formas y elementos, como el perspectivismo argumental;

el monólogo interior (en el que un personaje reproduce su conciencia en un discurso ilógico e incoherente, con una sintaxis desordenada);
las digresiones o comentarios que hacen los personajes y que se alejan de la trama argumental; en la estructura narrativa interna, aparecen los continuos saltos hacia atrás o hacia delante en el argumento (flashback o flash forward)
;
uso del estilo indirecto libre, uso de la segunda persona para hablar con uno mismo, etc.

La lengua y el estilo se vuelven barrocos

Se mezclan registros (cultos y vulgares), aparecen abundantes figuras retóricas, se llega a mezclar prosa y verso, incluso se recurre a fragmentos de textos en otros idiomas.

Dos novelas son consideradas los modelos de las nuevas tendencias:
Tiempo de silencio
(1962) de Luis Martín Santos, obra en la que Pedro, un médico becado para investigar sobre el cáncer, conoce el mundo de las chabolas de Madrid, puesto que de allí obtiene sus ratones de laboratorio. Se ve envuelto en un aborto clandestino y lo detienen, y, aunque se demuestra su inocencia, su vida quedará marcada por la tragedia vivida y abandona Madrid para dedicarse a la medicina rural. Esta obra se considera modelo de la novela experimental porque en ella aparecen casi todas las novedades técnicas y narrativas aludidas.
Señas de identidad
(1966) de Juan Goytisolo, novela con una estructura compleja al igual que la vida del protagonista, fotógrafo exiliado que reflexiona sobre España al regresar durante un tiempo a una finca familiar

Su estilo es complejo, con monólogos, párrafos sin puntuación, digresiones narrativas o saltos en el tiempo. De Juan Marsé, destaca ÚItimas tardes con Teresa, novela en la que un delincuente, Manolo el Pijoaparte, se relaciona con una joven universitaria rica que juega a ser revolucionaria. El autor hace un retrato duro y crítico de esta clase social adinerada. Para terminar, se citará a Miguel Delibes, autor de una larga trayectoria narrativa que también apuesta en esta época por la novela experimental. Su obra más representativa de esta etapa es Cinco horas con Mario (1966), que constituye un monólogo interior llevado a cabo por Carmen, una viuda que, durante toda una noche, vela el cadáver de su marido y que, con un lenguaje coloquial, refleja el enfrentamiento entre dos sectores opuestos: el suyo, tradicional y el de su marido fallecido, progresista.

2. LA NARRATIVA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS

El ambiente de libertad en el que comenzó a desarrollarse la cultura española tras la muerte del general Franco (20 de Noviembre de 1975), permitíó un mejor conocimiento de la literatura española en Europa y de la literatura occidental en España. A ello contribuyó significativamente la desaparición de la censura (lo que supuso la publicación de novelas españolas prohibidas en nuestro país y editadas en el extranjero, expurgadas o inéditas), la recuperación de la obra de los escritores exiliados y un mayor conocimiento de la narrativa de otros países.

En suma, dos son los aspectos más significativos de la novela española en los últimos treinta años:


1) El carácter aglutinador.
Acoge prácticamente todas las tendencias, modalidades, discursos, temas, experiencias y preocupaciones personales.


2) La individualidad.
Cada novelista elegirá la orientación que le resulte más adecuada para encontrar un estilo propio con el que expresar su mundo personal y su particular visión de la realidad.

De modo que puede decirse que en las últimas décadas conviven:

A)Novelistas importantes de toda la posguerraDelibes, Cela y Torrente Ballester sobre todo

B) Algunos novelistas de la "Generación del 50": Juan Goytisolo, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, etc

C) Los novelistas de la generación del 75


En los setenta hay autores que siguen cultivando la novela experimental e intelectual que tiene su origen principal en Tiempo de silencio de Luis Martín Santos.
Suelen prestar más atención a la forma que al contenido, ya que el argumento llega a casi desaparecer. Abundan las historias fragmentadas y los monólogos interiores. Este tipo de novela está dirigido a un lector inteligente y culto, con formación suficiente para comprender las dificultades sintácticas que los autores plantean. Es la llamada generación de 1975 o también generación de 1968 (Mayo del 68):
EDUARDO MENDOZA, Félix de Azúa, Juan José Millás, Vicente. Molina Foix, Soledad Puértolas, entre otros.

Tienen en común las novelas de esta época los siguientes rasgos:

Vuelta al relato tradicional y a la historia interesante en sí misma, en la que predomina un sentimiento de desencanto.

Visión irónica y distante de los problemas colectivos en beneficio de temas más personales o íntimos como la soledad, las relaciones personales, el amor, el erotismo, la infancia.

No se refleja la actualidad política pero aparece la influencia de los medios de comunicación de masas.

Vuelta al estilo realista, de frase corta más fácil de leer

EDUARDO MENDOZA (Barcelona 1943) publicó en 1975 La verdad sobre el caso Savolta, título que, en buena medida, puede considerarse el punto de partida de la narrativa actual. Sin renunciar al empleo de técnicas experimentales (mezcla de puntos de vista múltiples y géneros narrativos), el autor ofrece en esta novela de corte policíaco y con toques de intriga un argumento que atrapa la atención del lector. En obras posteriores, Mendoza ha mostrado su excepcional capacidad paródica:
Sin noticias de Gurb
(1992),
El laberinto de las aceitunas (1998) y
El misterio de la cripta embrujada (1995)
subvierten de forma irónica los tópicos de tres géneros consagrados: la novela de misterio, la novela negra o policíaca y la novela de ciencia ficción


La ciudad de los prodigios
(1986) recrea la evolución histórica y social de la ciudad de Barcelona en el período comprendido entre las exposiciones universales de 1888 y 1929, tomando como hilo conductor la progresión en la escala social del protagonista.

D) Nuevos escritores dados a conocer ya después del franquismo



Manuel Vicent, Julio Llamazares, Javier MARÍAS, Luis Mateo Díez, Rosa Montero, Antonio MUÑOZ MOLINA, Luis Landero, etc.

Por otra parte, no resulta fácil discernir en la nueva narrativa unas corrientes o escuelas definidas; sí es posible, no obstante, identificar ciertas tendencias temáticas. Las más relevantes son estas:

Novela policíaca y de intriga


Este subgénero resurge con especial fuerza. Entre sus cultivadores destacan Manuel Vázquez Montalbán, autor de una serie protagonizada por el detective privado Pepe Carvalho. A esta tendencia pertenecen también algunas novelas de Antonio Muñoz Molina:

El invierno en Lisboa
, Beltenebros, o Plenilunio.
Su última obra, Sefarad ha sido definida por el autor como "novela de novelas" y supone la recuperación de historias de destierros y desarraigos acontecidos durante el Siglo XX.

Novela histórica


De intención paródica destaca Crónica del rey pasmado (1989) de Gonzalo Torrente Ballester, o de recreación del pasado (historia de Cleopatra y Marco Antonio)
No digas que fue un sueño
(1986) de Terenci Moix.
Se pueden citar como ejemplos El oro de los sueños, de José María Merino;
El hereje
(1998), de Miguel Delibes, así como la saga protagonizada por el capitán Alatriste, o la
Tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverté, ambientada en el Siglo de Oro. En los últimos años son frecuentes las novelas históricas contextualizadas en épocas cercanas, especialmente en la Guerra Civil, como Soldados de Salamina (2001), de Javier Cercas;

La voz dormida
(2002), de Dulce Chacón, o los relatos breves que componen Los girasoles ciegos (2004)

De Alberto Méndez

Sin ser propiamente históricas, puesto que se refieren a un pasado reciente, se pueden incluir en este grupo las novelas que recrean la mediocridad de la vida provinciana durante el último período de la dictadura franquista. Destacan Luís Mateo Díez con La fuente de la edad (1986)
y Muñoz Molina con El jinete polaco (1991).

Novela de la reflexión íntima


Este tipo de narrativa se centra en la búsqueda personal y la reflexión sobre la propia existencia. Obras representativas de esta tendencia son Mortal y rosa (1975), de Francisco Umbral, sentida reflexión sobre la muerte escrita con brillante estilo, o El desorden de tu nombre, de Juan José Millás, que combina la introspección psicológica con la reflexión literaria. EnLa lluvia amarilla (1988), Julio Llamazares narra el abandono de los pueblos a través de un largo y emocionado monólogo.

Novela de la memoria y del testimonio


La memoria de una generación y el compromiso son los temas básicos de esta corriente, en la que se encuadran novelistas como Rosa Montero, con
Te trataré como a una reina (1981), defensa de la condición femenina, y la producción novelística de Luis Mateo Díez.

Novela culturalista


En los últimos años han aparecido una serie de autores jóvenes que hacen una novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes aspectos de la cultura occidental desde unas posturas bastante eruditas. Eso es lo que hace Juan Manuel de Prada con Las máscaras del héroe o La tempestad.

La novela de crítica política, que refleja la desilusión de las décadas de los 80 y 90: destaca Juan Madrid con Días contados (1993).

La metanovela, llamada novela especular, que consiste en incluir la narración misma como centro de atención del relato y plantearlo como una reflexión sobre la creación novelística. En este apartado destaca Antonio Muñoz Molina con Beatus ille (1986).

Otras tendencias en la novela de los autores más jóvenes es la de hacer una novela que trata los problemas de la juventud urbana con una estética muy cercana a la contracultura (Historias del Kronen, de José Ángel Mañas, Ray Loriga con Héroes o Lucía Etxebarría en Sexo, prozac y dudas
). Cabría citar, por último, a Rafael Chirbes como máximo representante de la actual literatura realista social; en algunas de sus obras se propone una revisión crítica y dialéctica de los cambios históricos y los desajustes sociales de nuestra época, es el caso de Crematorio (2007).

­Durante los últimos años del Siglo XX y la primera década del Siglo XXI sorprende el auge del cuento.
En este subgénero destaca el ya citado Alberto Méndez con Los girasoles ciegos (2004), obra que engarza cuatro historias de posguerra. Destacan, igualmente, los microrrelatos de Luís Mateo Díez, J. Mª Merino y los cuentos de Cristina Fernández Cubas, Juan José Millás o Ignacio Martínez de Pisón.

3. LA NOVELA Y EL CUENTO HISPANOAMERICANOS EN LA SEGUNDA MITAL DEL Siglo XX

La primera peculiaridad que debemos comentar acerca de la novela y el cuento hispanoamericanos del Siglo XX es el estancamiento que experimentaron ambos géneros en las primeras décadas del siglo. Mientras que la poesía no había dejado de evolucionar, la novela y el cuento permanecieron hasta los años cuarenta apegados a las formas decimonónicas. No obstante, cuando se produjo despertar, este supuso una enorme renovación que súperó a la producida en el resto del mundo

1. LAS PRIMERAS DÉCADAS DE LA NOVELA HISPANOAMERICANA: LA NOVELA REGIONALISTA

Hasta los años cuarenta, la novela y el cuento hispanoamericanos discurrieron por el cauce del Realismo costumbrista, sin experimentar una revolución de sus estructuras y su lenguaje, como la que supuso el Modernismo en poesía.

Durante estos años se dan las siguientes tendencias temáticas:

  • Novela de la tierra


    . Describe la naturaleza americana en toda su grandiosidad y los relatos se basan en la acción de la naturaleza sobre los hombres que la habitan:
    Doña Bárbara
    de Rómulo Gallegos, La vorágine de José Eustasio Rivera, o Don Segundo Sombra de Ricardo Guiraldes.
  • Novela indigenista


    . El tema central son las injusticias que provoca el hombre blanco en la sociedad india y las reivindicaciones de una identidad nacional y cultural propias:
    El mundo es ancho y ajeno
    de Ciro Alegría y Huasipungo de Jorge Icaza.
  • Novela política


    . En este grupo destacan las novelas referidas a la revolución mexicana, como Los de abajo de Mariano Azuela
    .

2. LOS PIONEROS DE LA RENOVACIÓN: LOS INICIOS DEL Realismo MÁGICO

Entre 1945 y 1960 se observa en la narrativa hispanoamericana unas carácterísticas nuevas que la hacen diferente de la novela desarrollada hasta entonces. Estos cambios se deben a una nueva concepción del mundo y de la vida consecuencia de los cambios sociales, políticos y económicos que se estaban produciendo en los diferentes países de Hispanoamérica. A estas novedades se añaden las influencias de la narrativa europea y norteamericana del momento.

Los cambios principales fueron:

Se abandona el interés prioritario por los espacios rurales y naturales y la denuncia explícita de problemas sociales, y surgen temas nuevos en los que se integra lo urbano y los problemas del hombre contemporáneo
.

Se introduce en las novelas lo fantástico, lo onírico y lo irracional, dando lugar a lo que se ha denominado Realismo mágico o lo real maravilloso, denominación esta última dada por Alejo Carpentier. Este concepto alude a la existencia de un narrador mágico realista, que crea la ilusión de “irrealidad”, para ello cuenta los hechos más comunes como si fueran excepcionales, y a la inversa. Sin embargo, la literatura del Realismo mágico no es una literatura fantástica, puesto que en la base de estas obras está el mundo real y reconocible. Se trata, más bien, en algunos casos, de reunir realidad y fantasía de forma entrelazada, a través de la presencia de lo mítico, legendario o mágico; en otros parece lo alegórico o poético en la acción de los personajes o en los propios ambientes.

Formalmente, se produce un gran cambio puesto que se abandona la estética realista decimonónica y se adoptan las nuevas técnicas narrativas (presencia del narrador protagonista, ruptura de la linealidad temporal) abunda una preocupación por la elaboración lingüística que conduce, a veces, a un estilo Barroco y complicado.

3. LA NOVELA DE LOS SESENTA: LOS AÑOS DEL BOOM. EL Realismo MÁGICO

La definitiva renovación de la novelística hispanoamericana se produce a partir de los años sesenta con un fenómeno que la crítica ha denominado como el boom de la novela hispanoamericana. Surgíó ligado a un fenómeno extraliterario que facilitó que esta novela fuera conocida en el exterior: el apoyo de las editoriales españolas, especialmente a partir del éxito de La ciudad y los perros (1962) de Mario Vargas Llosa.

Hay que añadir la coincidencia en un corto espacio de tiempo de una sucesión de novelas (y novelistas) deslumbrantes: Sobre héroes y tumbas del argentino Ernesto Sábato
; El astillero del uruguayo Juan Carlos Onetti; La ciudad y los perros del peruano Vargas Llosa
; La muerte de Artemio Cruz del mexicano Carlos Fuentes
;
Rayuela
del argentino Julio Cortázar
; El siglo de las luces del cubano Alejo Carpentier;
Tres tristes tigres del cubano Guillermo Cabrera Infante
; Bomarzo del argentino Manuel Mújica Laínez
; Paradiso del cubano José Lezama Lima; El obsceno pájaro de la noche del chileno José Donoso. Y sobre todo, el éxito sin precedentes de Cien años de soledad (1967), del colombiano Gabriel García Márquez, que fijó la atención de la crítica y el público internacionales en este grupo de escritores y en algunos de sus antecesores.

En cuanto a los temas, aunque no resulta sencillo sintetizarlos, destacan:

La crisis existencial del individuo


. Son recurrentes los temas de la sexualidad, la muerte, la soledad y la incomunicación.

El dictador


: la primera irrupción narrativa de esta figura de la historia hispanoamericana se produjo con Tirano Banderas de Valle-Inclán. Con posterioridad ha sido retratado en El señor Presidente de Asturias, El recurso del método de Carpentier, El otoño del patriarca de García Márquez, Yo, el supremo de Roa Bastos…

La historia de Hispanoamérica


: la historia del continente ha sido pródiga en acontecimientos de sugerentes posibilidades narrativas. De esta manera han surgido númerosísimas novelas históricas de calidad excepcional: Las lanzas coloradas de Arturo Uslar-Pietri; El siglo de las luces de Carpentier; La guerra del fin del mundo de Vargas Llosa; incluso Cien años de soledad puede integrase en este grupo.

4. LA NOVELA MÁS RECIENTE

A partir de los años setenta continúan publicando autores ya consagrados, a los que se unen otros que no habían alcanzado la difusión de los autores relacionados con el boom. La consecuencia es una lista enorme de creadores y creaciones, que no podemos abordar.

La narrativa de estos años reduce la complejidad técnica iniciada en obras anteriores para crear una novela a la que el lector pueda acceder más fácilmente, aunque esto no suponga un abandono total de la experimentación. Prevalece la narración realista que incluye, además, el habla coloquial, pero también se recurre al Realismo mágico.

Nombres y títulos fundamentales de este período


:
El amor en los tiempos del cólera
de García Márquez
;
Tres tristes tigres
del cubano Guillermo Cabrera Infante..

5. EL CUENTO HISPANOAMERICANO

Junto con la novela, el cuento ha sido un género narrativo ampliamente cultivado en Hispanoamérica desde los años cuarenta hasta la actualidad. Los narradores de los años cuarenta y cincuenta han sido grandes cultivadores del cuento literario. Destaca la aportación extraordinaria de Jorge Luis BORGES (Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph y El libro de arena
). Asimismo, son importantes las narraciones de Juan RULFO (El llano en llamas, en los que retrata la dureza de la vida rural mexicana en su primitivismo y su pobreza física y moral), los relatos de Alejo Carpentier (Guerra del tiempo, sobre la imposibilidad de definir y dividir el tiempo) y Juan Carlos Onetti (Tiempo de abrazar, Tan triste como ella y otros cuentos
).

Por lo que respecta a los años sesenta hasta la actualidad, los relatos cortos de los narradores del boom hispanoamericano han pasado inadvertidos debido a la importancia de sus novelas, como es el caso de García Márquez (Relato de un náufrago, Doce cuentos peregrinos) o Vargas Llosa (Los jefes, Los cachorros
).

Sin embargo, uno de los principales renovadores del género es Julio CORTÁZAR, quien muestra en sus cuentos una realidad compleja (Bestiario, Las armas secretas, Historias de Cronopios y de Famas, en los que revela el absurdo de lo cotidiano con gran sentido del humor).

Mario Benedetti refleja en Montevideanos, La muerta y otras sorpresas y Con y sin nostalgia la vida diaria y las circunstancias políticas de su país desde una postura comprometida y cercana al lector gracias a la utilización de un lenguaje sencillo y coloquial.

Otros narradores importantes son Augusto Monterroso (La oveja negra y demás fábulas, Movimiento perpetuo);
Isabel Allende (Los cuentos de Eva Luna);
Antonio Skármeta (El entusiasmo, Tiro libre).


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