Amor virtud y belleza en Platón

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SÓCRATES. Indiscutiblemente fue un ciudadano ateniense de poca fortuna que se pasó el tiempo en disputas, enseñando filosofía a los jóvenes, pero no por dinero, como los sofistas. Es seguro que fue procesado, condenado a muerte y ejecutado en el año 399 a.C., cuando tenía cerca de setenta años. Era indudablemente muy conocido en Atenas, puesto que Aristófanes le caricaturizó en Las nubes. Pero fuera de este punto nos vemos envueltos en controversias. Dos de sus  discípulos, Jenofonte y Platón, escribieron sobre él ampliamente, pero decían cosas muy distintas. Jenofonte (“Recuerdos de Sócrates”) se lamenta de que Sócrates haya sido acusado de impiedad y corrupción de la juventud;
dice que, por el contrario, Sócrates era eminentemente piadoso, y ejercía una influencia muy sana sobre los que se sometían a sus enseñanzas. Esta defensa va demasiado lejos, porque deja sin aclarar la hostilidad que provocó Sócrates. Sin embargo, algunas de las referencias son muy convincentes. Dice (y también Platón) cómo Sócrates se preocupaba continuamente del problema de nombrar hombres competentesen los puestos de mando. Solía preguntar: “Si quiero que me remienden los zapatos, ¿a quién debo acudir?” A lo cual algún joven ingenuo contestaría: “A un zapatero, ¡oh, Sócrates!” Después preguntaba  lo mismo respecto  a los ebanistas, herreros, etc., y finalmente preguntaba: “¿Quién debe remendar la nave del Estado? ”.Cuando se enemistó con los Treinta Tiranos, Critias, su caudillo (por cierto, tío de Platón), que conocía su manera de ser porque había estudiado con él, le prohibíó seguir instruyendo a los jóvenes. Esto ocurríó durante el breve Gobierno oligárquico establecido por los espartanos al final de la guerra del Peloponeso. Pero en la mayor parte del tiempo, Atenas fue democrática, tanto que incluso los generales eran elegidos por la suerte. Sócrates se encontró con un joven que quiso ser general y le convencíó de que le sería útil conocer el arte de la guerra. Así, el joven siguió un corto curso de estrategia. Cuando volvíó, Sócrates, después de una alabanza satírica, le envió a que siguiera estudiando. Lo mismo quiso hacer con mucha gente, incluso con algún general de la época. Pero se acordó que era más fácil hacerle callar por la cicutaque sanar los males que él señaló. Respecto al relato de Platón sobre Sócrates (en sus Diálogos), la dificultad es muy distinta de la del caso de Jenofonte: es muy arduo juzgar hasta qué punto Platón quería retratar al Sócrates histórico, o hasta dónde llega su propósito de hacerle portavoz de sus propias ideasen la figura del Sócrates de sus diálogos.  Nadie supone ni él lo  pretende, que las conversaciones de sus diálogos hayan ocurrido tal como las refiere. El diálogo que se considera más histórico es la Apología. Pretende ser el discurso que Sócrates hizo en su propia defensa en el juicio. La verdadera razón de la hostilidad contra Sócrates era probablemente que se le creía en connivencia con el bando aristocrático. De hecho la mayoría de sus discípulos, entre ellos Platón, pertenecían a este grupo y algunos en puestos oficiales habían resultado perniciosos. La Apología da un retrato perfecto de un hombre de determinado tipo: una persona muy segura de sí misma, de espíritu elevado, indiferente al éxito mundano, que creía ser guiado por una voz divina (su daimon) y persuadido de que el pensamiento claro es el requisito más importante para una vida recta. En el pasaje final, donde considera lo que después de la muerte ocurre, es imposible no sentir que cree firmemente en la inmortalidad. No hay duda de que el Sócrates histórico pretendíó ser guiado por oráculo o daimon. Si esto era análogo a lo que el cristiano llamaría la voz de la conciencia, o si le parecíó ser una voz verdadera, tampoco se puede saber. Sócrates probablemente sufría trances catalépticos; al menos ésta parece ser la explicación natural de un incidente que Platón narra en el Symposio (“El Banquete”):  un día que estaba meditando sobre algo que no podía resolver, quedó absorto, rígido, y, permaneciendo de pie, no se movíó del sitio hasta el día siguiente. Todo el mundo estaba de acuerdo en que Sócrates era muy feo. Siempre estaba vestido con viejos trajes raídos, y además iba descalzo a todas partes. Su indiferencia frente al calor y al frío, al hambre y a la sed asombraba a todo el mundo. Su dominio de todas las pasiones del cuerpo se evidencia continuamente, si Platón dice la verdad. Era un perfecto santo órfico: en el dualismo entre el alma celestial y el cuerpo terrenal había conseguido el más perfecto dominio del alma sobre el cuerpo. Su indiferencia frente a la muerte, por fin, es la última prueba de este dominio. Al mismo tiempo no es un órfico ortodoxo, sólo acepta las doctrinas fundamentales. El Sócrates platónico se anticipa a los estoicos y a los cínicos, dos escuelas griegas de filosofía moral. Los estoicos sosténían que el bien supremo es la virtud y que un hombre no puede perder la virtud por causas externas; esta doctrina está implícita en las manifestaciones de Sócrates de que sus jueces no pueden ocasionarle perjuicio. Los cínicos despreciaron los bienes del mundo y demostraron su desprecio rechazando los adelantos de la civilización. Es el mismo punto de vista que indujo a Sócrates a ir descalzo y mal vestido. Parece evidente que las  preocupaciones de Sócrates eran más éticas que científicas. Losprimeros diálogos de Platón, considerados generalmente como los más socráticos, tratan principalmente de la búsqueda de definiciones de términos éticos.

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