12.2. El sexenio democrático (1868-1874): intentos democratizadores. La revolución

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El Sexenio
Democrático hace referencia al periodo de gobierno democrático extendido entre 1868 y 1874 tras el reinado de Isabel II. Supuso el primer intento de democratización en España.  En 1868 tuvo lugar una revolución con el objetivo de derrocar a la reina Isabel II. Las causas que llevaron a la rebelión se remontan a 1863 donde O´Donell dimitíó debido a las divisiones de la Uníón Liberal y el desgaste del gobierno. A partir de aquí comienza una sucesión de gobiernos inestables y autoritarios, presidios alternativamente por Narváez y la Uníón Liberal. Otra causa es la grave crisis económica que se inicia en 1864 con la quiebra de las líneas  ferroviarias. Continuó con el hundimiento de las fábricas textiles y una crisis agraria. Todo esto supuso un fuerte malestar social, que se dejó ver en la sublevación de San gil, uno de los intentos de pronunciamientos mandados por el general
Prim. En 1862 progresistas, republicanos y demócratas firmaron el Pacto de Ostende, con dos objetivos: derrocar a Isabel II y convocar las Cortes por sufragio universal.
La Gloriosa fue inicialmente un pronunciamiento militar encabezado por varios generales que se vio refrendado por la victoria del Puente de Alcolea frente a las tropas gubernamentales. El apoyo popular vino después, cuando crearon las Juntas Revolucionarias y un cuerpo de milicianos que demandaban el sufragio universal y la abolición de los consumos y las quintas. Inmediatamente se formó un gobierno provisional, presidio por el general Serrano e integrado por progresistas y unionistas. Tras la disolución de las Juntas por la fuerza, convocaron elecciones a cortes constituyentes mediante sufragio universal masculino. El debate principal giró en torno a la forma de Estado, monarquía o república.
La mayoría apoyó la monarquía y pronto elaboraron una nueva Constitución, la primera democrática de nuestra historia. El país se constituía como una monarquía parlamentaria con estricta separación de poderes. Junto a los derechos reconocidos en constituciones anteriores, como la libertad de expresión, aparecieron otros nuevos como la libertad de reuníón o de asociación. Se establecía también la Soberanía nacional, a la que debía someterse la Corona. Respecto a la religión, el gobierno provisional permitíó la libertad de culto, el matrimonio civil. A falta de rey, Serrano se convirtió en regente, mientras que Prim fue jefe de gobierno. Durante un año y medio se aprobó una amplia legislación, se adoptó una política librecambista e igualmente se aprobó una reforma monetaria, donde se puso en  circulación la peseta. Sin embargo, tuvieron que enfrentarse desde el primer momento a una doble revolución: la guerra de Cuba, iniciada en 1868, buscaba su independencia debido a su crecimiento económico y fueron los criollos los protagonistas de esta revolución; y el  clima de agitación social,  donde se dieron numerosas sublevaciones populares. Por otro lado, se dieron las primeras huelgas industriales organizadas por un incipiente movimiento obrero que se apartaba de los partidos burgueses. En esta situación de inestabilidad emprendíó Prim la difícil tarea de buscar rey. Debía ser una persona de sangre real, que no fuera Borbón y que obtuviera el respaldo de las Cortes y gobiernos extranjeros. Finalmente fue elegido Amadeo de Saboyá , hijo del Rey de Italia Víctor Manuel. La monarquía de Amadeo de Saboyá comenzó mal: el mismo día que llegaba a España era asesinado el general Prim. No contaba con apoyo social suficiente, las clases dirigentes le identificaban con el desorden social y con la dinastía que, en Italia, manténía prisionero en el Vaticano al Papa. Poco a poco, el apoyo a Alfonso, el hijo de Isabel II fue creciendo. Además, fue un momento de inestabilidad política provocada por la división de los partidos gubernamentales. 


Los progresistas se dividieron en el Partido Constitucionalista, más próximo a los unionistas, y el Partido Radical de Ruiz Zorrilla, más cercano a los demócratas. Por otro lado, se inició la Tercera Guerra Carlista y se agravó el conflicto cubano.
Amadeo I aprovechó una grave crisis entre el gobierno y el Cuerpo de Artillería para abdicar en Febrero de 1873. Al instante, el Congreso y el Senado se reunieron y proclamaron la república. El Congreso eligió a Estanislao Figueras, un republicano moderado. Hay que destacar que la República nace de forma irregular y sin apoyo políticos suficientes. Además, los propios movimiento republicanos estaban divididos en unitarios y federales y éstos, a su vez, entre intransigentes, que optaban por implantar un estado federal de “arriba abajo” por medio de la revolución; y en los que defendían una vía más pacifica por medio de las instituciones. En Mayo del 73 se convocaron elecciones a Cortes donde hubo mayoría republicana, aunque con mucha abstención. Poco después, Figueras dimitíó, convirtieron a Pi i Margall en presidente que presentó en las Cortes un proyecto de Constitución Federal similar a la de 1869, que incluía la separación de la Iglesia y del Estado, abolía los títulos de nobleza, etc. No obstante, la principal novedad radicó en que cada estado podría elaborar su Constitución y tendría sus propios poderes. El Estado federal se reservaba importantes competencias generales, como las relaciones exteriores, ejército, moneda… Pero la Constitución no llegó a entrar en vigor. A estas alturas los intransigentes habían decidíó acelerar el proceso desde las bases, lo que se conoce como la revolución cantonal. Organizaron una sublevación que prendería al tiempo en varias ciudades y se acabaría extendiendo por todo el territorio, partiendo del Levante y Andalucía. El objetivo era proclamar estados que posteriormente se unían, estableciendo la República Federal “desde abajo” sin esperar que la organizaran las Cortes. Mientras, los Carlistas avanzaron hacia el sur mientras que manténían su control en buena parte del País Vasco, Navarra, interior de Cataluña y Aragón. Agotadas las vías para persuadir pacíficamente, Pi i Margall no quiso recurrir al ejército y dimitíó. Le reemplazó Nícolás Salmerón, quien dio un giro conservador. Dio plenos poderes al ejército que consiguió frenar los focos de sublevación, pero podo después dimitíó antes de firmar dos sentencias de muerte. Le sucedíó Emilio Castelar. Éste pretendía establecer una república conservadora que atrajera a los antiguos monárquicos y a las gentes de orden, reconstruyera la unidad del país y que acabara con los frentes bélicos abiertos. Restablecíó las quintas, suspendíó algunos derechos constitucionales, cerró el congreso y ordenó el alistamiento masivo; sin embargo, cuando Castelar se presentó para rendir cuentas ante las Cortes en 1874 el general Pavía envió un destacamento militar al palacio del Congreso y disolvíó las Cortes. Este no quería sumir la presidencia y finalmente fue el general Serrano quien la asumíó, estableciendo una dictadura republicana sostenida por el ejército. Se acabó con el catonismo y se levantó el sitio de Bilbao frente a los Carlistas. Por otro lado, se adoptó una política represiva contra el movimiento obrero e ilegalizaron la Internacional. Serrano delegó en Febrero la presidencia al general Zavala, a quien Sagasta reemplazó en Septiembre. Mientras, Cánovas del Castillo fue sumando apoyos para la causa Alfonsina. En Diciembre, Alfonso publicó un manifiesto militar que entrañaba un programa político. El 29 de Diciembre el general Arsenio Martínez Campos se pronunció en Sagunto y proclamó a Alfonso XII.  El Sexenio Democrático fue la última etapa de la Revolución liberal en España y representó un intento de ampliar el liberalismo y hacerlo más democrático. Pero aquellos años estuvieron llenos de conflictos políticos, sociales y económicos. Así, los defensores del Sexenio, en un claro ambiente de inestabilidad, no consiguieron sus objetivos, debido también por su propia división, y pronto la burguésía, ante la amenaza de las clases populares, prefirió estabilidad y orden (Restauración) a la democracia. 

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