Terminos historia

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Hispania.
Hispania, nombre por el que los romanos conocieron a la península Ibérica. Llamada por los griegos Iberia en alusión al río Iberus (Ebro actual), Roma prefirió una palabra -derivada de una voz cartaginesa- alusiva a una característica zoológica de estas tierras en la antigüedad: ser una 'tierra de conejos”, que es lo que etimológicamente significa. La nueva denominación pervivió más allá del fin del Imperio Romano y por evolución lingüística fue transformándose, primero en Spania y, finalmente, en España (en castellano). Inicialmente el territorio fue dividido en 2 provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior. Augusto en el 27 a.C. dividió la Ulterior en dos nuevas provincias -Lusitania, Bética- y llamó Tarraconense a la Citerior. El emperador Caracalla a comienzos del siglo III desgajó de la Tarraconense la Gallaecia. Su sucesor de principios del siglo IV, Diocleciano, creó la Cartaginense, desgajada también de la Tarraconense. A fines del siglo IV las Baleares pasan a ser provincia insular llamándose Balearica. Por otro lado, el norte de África fue englobado en ese siglo como parte de Hispania con el nombre de Mauritania Tingitana. Consecuencia de todo ello, en el siglo V Hispania se componía de 7 provincias


Cartago.
Capital del Imperio cartaginés. Los fenicios de Tiro ocuparon en el s. IX a.C. la colonia de Cartago, organizando en ella un establecimiento comercial, aprovechando que el lugar se hallaba en la ruta marítima de la Espa­ña meridional, con minas de plata, y de las islas Casitérides (Islas Británicas), ricas en estaño. Desde los primeros años del s. VII a. C. la factoría comercial cartagine­sa se benefició de la decadencia de las metrópolis fenicias. Los carta­gineses desde fines del s. VI a. C. implantaron su hege­monía sobre las antiguas colo­nias fenicias occidentales y so­bre Tartessos. Los cartagineses durante los VI y III a. C. formaron un po­deroso imperio marítimo que pronto habría de desencadenar conflictos armados con el ex­pansionismo romano en las guerras por la hegemonía del mar conocidas como las guerras púnicas. La derrota en la primera de estas guerras y la crisis económica subsiguiente, hizo que iniciaran la conquista de la Península Ibérica. Los prin­cipales jefes de ejército pertenecían a la familia de los Bárcidas: Amílcar Barca (fijó en el trata­do del Ebro el límite de las zo­nas de influencia cartaginesa y romana), Asdrúbal (fundó Car­tago Nova, ciudad bien forti­ficada con minas de plata) y Aníbal (cuyo ataque a Sagunto provocó la segunda guerra pú­nica, que supondría la entrada de los romanos en la Península).