Revolución china

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Países que intervienen

La Unión Soviética tuvo gran importancia en la revolución de 1949, pues enviaban emisarios para concienciar a la población de la importancia de una revolución comunista. Japón también influyó durante la guerra civil china, pues durante la Segunda Guerra Mundial, los bandos enfrentados en China tuvieron que luchar juntos contra los japoneses.

Tras la revolución de 1949, China y la Unión Soviética, las dos grandes potencias comunistas, se aliaron para hacer frente al capitalismo occidental, mediante un tratado de amistad, alianza y asistencia mutua.

 

Causas

  • China fue siempre un país intervenido por potencias colonialistas.
  • La existencia de territorios ocupados fue suficiente para que los revolucionarios consiguieran convencer a las masas para que estuvieran a favor de un cambio que pusiera fin a los robos. Entre los territorios ocupados estaba Manchuria (tomada por el imperio del Japón en 1931). En 1945 los comunistas fueron muy importantes en la liberación de Manchuria, razón por la cual se les aceptará en la población.
  • Un régimen feudal, caracterizado por el gobierno autócrata de terratenientes, la clase social poseedora de grandes extensiones agrícolas. Como consecuencia del régimen feudal que había la masa campesina se mantiene en pobre, con escasos recursos para sobrevivir.
  • La influencia de la Revolución Soviética, mediante el envío de emisarios rusos en forma directa e indirecta a China con el fin de concienciar a la población para que se rebelara como lo hizo en Rusia.
  • En 1911, Sun Yat-sen dirigió una revolución democrática burguesa que tuvo como consecuencia el fin a la dinastía Ping. que había durado más de dos mil años; y la proclamación de la República.

 

Desarrollo

La guerra civil y la revolución de 1949.

Desde la revolución de 1911 que había proclamado la república, el poder en China permaneció fragmentado hasta 1928, año en que quedó en manos del general Chiang Kai-shek, líder del Partido Nacionalista (Kuomintang). La expansión del Partido Comunista Chino (PCCh), liderado por Mao Zedong, provocó el enfrentamiento con el gobierno nacionalista, que pronto desembocó en una guerra civil. En 1934, las tropas comunistas emprendieron lo que se llamó la "Larga Marcha": recorrieron cerca de 12.000 km huyendo del cerco que les habían tendido los ejércitos nacionalistas. La Segunda Guerra Mundial puso un paréntesis en la guerra civil: comunistas y nacionalistas pelearon juntos contra los japoneses. Pero una vez finalizado el conflicto y producida la evacuación de las tropas japonesas del territorio chino, la lucha se reanudó. En 1949, los comunistas alcanzaron el triunfo y, el 1 de octubre, fue proclamada la República Popular China. Los nacionalistas, por su parte, se refugiaron en la isla de Formosa (Taiwan).

Los primeros años de la República Popular

El nuevo régimen presentó algunas peculiaridades propias respecto al comunismo internacional, lo que dio origen a lo que se conoce como maoísmo: unión de las cuatro clases revolucionarias (campesinos, obreros, pequeña burguesía y burguesía nacional), importancia del campesinado, revolución permanente, acción directa del Partido en todas la áreas. Una vez en el poder, el gobierno revolucionario adoptó la política de "inclinarse hacia un lado": contra el imperialismo capitalista, se alineó con la Unión Soviética. En diciembre de 1949, Mao viajó a Moscú, donde firmó con los soviéticos un tratado de amistad, alianza y asistencia mutua. En el terreno económico, el gobierno chino lanzó el primer plan quinquenal (1953-1957), que se centró en el desarrollo de la industria pesada. En forma complementaria, se llevó a cabo una progresiva colectivización de la agricultura. Las grandes propiedades fueron expropiadas y repartidas entre los agricultores.

 

La campaña de las Cien Flores y el Gran Salto Adelante

En 1956, el régimen comunista impulsó un proceso de liberalización intelectual: la campaña de las Cien Flores (1956-1957). Con él, el Partido Comunista Chino buscaba captar la adhesión de los intelectuales, muchos de los cuales le eran hostiles. En un principio, los intelectuales no comunistas se mostraron reacios a manifestar sus críticas. Finalmente, el movimiento desembocó en una verdadera denuncia de las propias bases políticas del régimen. La reacción del Partido no se hizo esperar: los críticos fueron acusados de contrarrevolucionarios y elitistas y muchos de ellos fueron castigados. En 1958, el gobierno chino lanzó un amplio movimiento conocido como el Gran Salto Adelante: con él se buscaba lograr un equilibrio entre el desarrollo industrial y la agricultura. Pero, a pesar del éxito obtenido en los dos primeros años, el Gran Salto fue un fracaso. La crisis se agravó debido a la ruptura con la Unión Soviética a principios de los '60. Las aspiraciones chinas a convertirse en un foco de irradiación de una nueva ola revolucionaria mundial, en la que la lucha contra el capitalismo era central, contrastaba con la ambigüedad de las relaciones que en esos años Moscú mantenía con Occidente.

La Revolución Cultural

Una de las consecuencias del fracaso del Gran Salto Adelante fue el deseaste y la relegación de la figura de Mao del centro del poder. Un grupo de dirigentes del Partido y algunos militares comenzaron a someter las ideas de Mao a una profunda revisión. En 1962, comenzó la contraofensiva del maoísmo a partir del Ejército, donde el líder conservaba un enorme prestigio. A fines de 1965, Mao dirigió sus ataques contra los intelectuales, invitando a los estudiantes a denunciar las desviaciones ideológicas. El llamado de Mao tuvo una gran respuesta en las escuelas y en las universidades, de ahí que este movimiento haya recibido el nombre de Revolución Cultura. El movimiento pronto se extendió a toda China. Los estudiantes, convertidos en Guardias Rojos, dirigían sus ataques contra los dirigentes que se habían opuesto a Mao, a los que calificaban de revisionistas y contrarrevolucionarios. A comienzos de 1969, Mao había recuperado su poder.

Consecuencias

Tras la muerte de Mao en 1976, los dirigentes chinos mantuvieron el modelo socialista. Sin embargo, se ha desarrollado una política económica más pragmática que, lentamente, camina hacia una economía de mercado, aunque siempre controlada. El conductor de este cambio es Deng Xlao Ping, uno de los dirigentes marginados del Partido durante la Revolución Cultural y rehabilitado posterion-nente. En 1978-1979, Deng impulsó una cierta liberalización política conocida como "Primavera de Pekín" y permitió una crítica moderada al maoísmo. Sin embargo, el régimen chino todavía se caracteriza por la falta de libertad política. Los movimientos de oposición son duramente reprimidos tal fue el caso de la revuelta estudiantil en la plaza de Tiananmen, en Pekín, en 1989.