Racionalidad instrumental

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¿La muerte como definición del ser humano?
Sigmund Freud, fundador del movimiento psicoanalítico, identifi­có dos pulsiones básicas en la vida humana. Por una parte, una ten­dencia a la conservación de la vida, formada por instintos sexuales, de autoconservación y de búsqueda del placer, que Freud llamó Eros. Pe­ro, por otra parte, hay una pulsión o instinto de muerte, que Freud denominó con la expresión griega Thánatos. No se trata de ninguna tendencia suicida, sino más bien de que cesen las tensiones y los pro­blemas, de que desaparezcan las necesidades y los propios deseos, co­mo una forma indirecta de alcanzar paz y sosiego.
Por su parte, el existencialismo es un grupo de corrientes filosófi­cas que coinciden en señalar que lo peculiar y característico del ser hu­mano no hay que buscarlo investigando su esencia, sino más bien en su existencia. Es decir, en el caso de los seres humanos y sólo para ellos, la esencia es existir. Lo cual significa que primero existimos y sólo después, en función de lo que vivimos y cómo lo vivimos, nos ha­cemos de una determinada manera, adquirimos esencia.
Para el pensador alemán Martin Heidegger la muerte tiene una es­pecial relevancia, pues nos descubre que la existencia humana, la ma­nera de vivir de los seres humanos, está afectada radicalmente por la finitud. Que somos seres finitos significa que no tenemos poder para todo, que somos limitados, en concreto respecto al tiempo: somos se­res históricos. Pero, para él, la muerte no es simplemente el final del tiempo de la existencia, sino que hay que entenderla como una pro­piedad peculiar del modo humano de existir. Éste es el sentido de la conocida frase de Heidegger, según la cual el ser humano es un «ser para la muerte», o la existencia humana consiste en un «estar a la muerte». La muerte, en fin, nos desvela nuestra radical condición de seres existencialmente finitos.
No todos los existencialistas han valorado así la muerte. El filósofo francés Jean-Paul Sartre separa muerte de finitud. Porque aunque los seres humanos fuéramos inmortales, seguiríamos siendo finitos. Para él la finitud manifiesta la libertad radical del existir humano. Porque so­mos finitos, estamos siempre en alguna circunstancia en la que se nos impone realizar una elección. Por eso Sartre llega a afirmar que «ser significa elegirse», porque «el ser humano es libertad».

4. La pregunta por la razón
1. ¿Qué es la razón?
Así, tener logos puede entenderse como te­ner capacidad de decir de forma inteligible, esto es, tener la facultad de usar un lenguaje conceptual para referirse a la realidad
Pero el animal que tiene /ogos es también un ser que vive en socie­dad, precisamente porque comparte un lenguaje con sus semejantes. En esto consiste la dimensión intersubjetiva de la razón.
Finalmente, tener /ogos está también en relación con la capacidad de llevar a cabo un pensar razonable. Es decir, un saber orientarse en el mundo, un saber situarse frente a las cosas desde una perspectiva moral.
2. Razón y racionalidades
La pluralidad de usos del término «razón, diversos usos de la razón, racionalidades, para aclarar en qué consiste la razón algunos de estos usos.
Razón teórica y razón práctica
la razón teórica es aquella que se orienta hacia la com­prensión del mundo, esto es, hacia el conocimiento de la realidad intentando desentrañarla, explicarla con la mayor verdad y precisión po­sible.

Por razón práctica hemos de entender, según Kant, aquel uso de la
razón por el cual se opone e impone a las pasiones, para orientarnos hacia la consecución de un ideal moral que la misma razón se ha fija­do.
La razón práctica se plantea qué fines deben ser perseguidos y cuáles no, cómo se subordinan unos fines a otros, cómo se hacen compatibles entre sí, etc.

Razón histórica y razón vital
Son dos nociones de la razón estrechamente relacionadas entre sí.
La idea de una razón histórica procede, según Dilthey, de la necesidad de pensar nuestra conciencia del devenir histórico, la razón no se presenta entonces como algo fijo e inmóvil,ajeno al tiempo , sino co­mo una realidad histórica. Es decir, igual que el arte de la ciencia, el len­guaje o la cultura en general, la razón también es, en parte, un pro­ducto histórico. No se puede entender separada o aislada del resto de las realidades y capacidades humanas, nada más que a costa de con­vertirla en un instrumento abstracto y alejado de la experiencia.
La noción de una razón vital procede de Dilthey. Pero también la de­sarrolló el filósofo español Ortega y Gasset, hasta el punto de que su concepción se denomina «raciovitalismo». Para Ortega, la razón vital no es un modo de razón comparable a otros, sino que es la vida co­mo razón. La razón es un elemento constitutivo de la vida, de ma­nera que ésta no se puede entender sin la razón. En cierto modo, la vi­da exige racionalidad. Por eso mismo, la razón vital es también histórica, es decir, tiene un modo de ser temporal, vive y se alimenta del tiempo.

Así pues, la
racionalidad instrumental ha sido el uso de la razón que ha tenido un mayor éxito porque se ha extendido a todos los ámbitos de la vida humana. Tal triunfo hemos de atribuirlo, entre otras causas, a la eficacia que ha demostrado en la resolución de problemas, tanto na­turales como sociales: en definitiva, al alto nivel de bienestar que dis­frutamos en los países occidentales.


4. Límites de la racionalidad instrumental

• Límite ecológico, que viene impuesto por la posibilidad, cada vez más real, de que se agoten los recursos Y fuentes de energía con­vencionales; o por las consecuencias negativas de la destrucción de muchos ecosistemas, de la reducción de la biodiversidad, etc.
• Límite político, consistente en que la consecución de una convi­vencia pacífica exige que se respete la libertad de las personas Y de los pueblos. Esto es, las acciones y decisiones políticas han de respe­tar la libertad como condición mínima imprescindible para la realiza-
ción humana de la vida.
• Límite moral, según el cual, los seres humanos no deben ser trata­dos sólo como medios, no deben ser instrumentalizados. El funda­mento último de esto es que, como dijo Kant, los seres humanos son valiosos por sí mismos, tienen dignidad y no precio.

1. Individuo y sociedad
1 El concepto de individuo
Los seres humanos es alguien único e irrepetible que merece un respeto muy especial. Se entiende hoy, a diferencia de lo que ocurría en otras épocas, que todo individuo humano es sujeto de derechos que no deben ser ignorados ni violados.
2. Libertad de los antiguos y libertad de los modernos
La libertad de los antiguos
Según Constant, la libertad de los antiguos, manifestada sobre todo en la democracia ateniense en el siglo v a. C, consistía en partici­par en los asuntos públicos. Se consideraba hombre libre al ciudadano, es decir, al que estaba legitimado para tomar parte activa en el gobier­no de la polis, de la comunidad política.
Sin embargo, este concepto de libertad se restringía a los ciudada­nos, teniendo en cuenta que no se consideraba tales ni a las mujeres, ni a los esclavos, ni a los metecos (inmigrantes procedentes de otras ciudades griegas), ni a los niños.
La libertad de los modernos
La afirmación de que todo ser humano en cuanto tal tiene la capaci­dad de ser libre y el derecho de ejercerla es fruto de las teorías del de­recho natural que florecen en la Edad Media y Moderna, y desembo­ca en el concepto de libertad de los modernos.
En efecto, a través del derecho natural se afirma la idea de que, con anterioridad a la formación de las comunidades políticas, es decir, por naturaleza, cada persona tiene unos derechos que la sociedad debe respetar.

3. El individualismo Y sus límites
En consecuencia, la sociedad es contemplada como un conjunto de individuos propietarios que se relacionan entre sí mediante el intercambio de los bienes y servicios que hayan sido capaces de
acumular.
La teoría supone que cada cual tratará de buscar su propio benefi­cio particular en toda relación social, y entiende que el Estado ha de proteger la libertad del individuo y la propiedad privada de los bienes, para que puedan funcionar los intercambios.
Sin embargo, sabemos que este tipo de individualismo reduce exce­sivamente la realidad humana, puesto que toda persona, para llegar a serlo y desarrollar sus capacidades, necesita el apoyo y la cooperación de la sociedad en la que vive. No existe individuo humano que no ten­ga contraída una deuda con la sociedad y que se pueda considerar a sí
mismo totalmente independiente de ella.

2. La sociedad y su organización
1. Diferentes formas de organización social
Toda sociedad implica una forma de organización, un conjunto de reglas de conducta que definen cómo deben ser las relaciones entre sus miembros :
• Tribal. La integran pequeñas comunidades, estructuradas a partir de lazos familiares y con una economía de subsistencia.
• Esclavista. Incluye comunidades de un tamaño mayor, como ciuda­des e imperios, con una economía donde lo esencial de la produc­ción corre a cargo de los esclavos.
• Feudal. Se configura alrededor de los señores feudales, jefes milita­res y políticos encargados de establecer el orden político y la pro­tección militar. La economía es básicamente rural, fundada en los vínculos de vasallaje.
• Moderna. Apoyada en el desarrollo de la industria y del comercio, el Estado nacional es el núcleo de la organización política.

2. El Estado moderno y sus características El monopolio del poder
El primer rasgo específico del Estado moderno es que pretende mo­nopolizar el poder coercitivo en su propio territorio. Siguiendo a Max Weber, podemos definir el Estado como «una asociación de tipo institucional que en un territorio determinado trata con éxito de mono­polizar la violencia legítima como instrumento de dominio».
características:
• Es una institución política, impersonal Y soberana, con jurisdicción suprema sobre su territorio, que tiene en exclusiva la capacidad de promulgar leyes que regulan de modo público y obligatorio impues­tos, cargos, recompensas, privilegios, 'derechos. obligaciones, etc.
• Tiene una estructura unitaria de poder que pretende ser legítima y que permanece a través de los cambios de gobernantes Y gober­nados concretos. Este poder se ejerce a través de una burocracia o conjunto de funcionarios encuadrados en una organización jerár­quica, específicamente dispuesta para administrar los asuntos públicos.
Dominación Y legitimación
Para que la sociedad funcione de un modo más o menos satisfacto­rio y puedan alcanzarse metas colectivas es preciso que las acciones in­dividuales estén concertadas, Y esto exige, a su vez, la presencia de un poder capaz de influir sobre la conducta de las personas, aun contra su voluntad, Y de imponer sanciones Y coacciones que aseguren deter­minados comportamientos, en especial el cumplimiento de las obligaciones que establecen las leyes.