Morfología

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1. Desaparicion de vocales atonas, modificandose la estructura silabica de la palabra:

rápidum (lat.) > raudo (cast.); tábulam > tabla.

2. Paso de -p-, -t-, -c- entre vocales a -b-, -d-, -g- respectivamente:

lupum > lobo; mutare > mudar; lacum > lago.

3. Perdida de -d-, -g- entre vocales:

límpidum > limpio; frígidum > frío.

4. Perdida de consonantes finales: -m, -t, -d, -c:

manum > mano; amat > (él) ama; aliquod > algo; sic > si.

5. Cambios vocalicos, en determinados contextos: u > o, i > e, a > e, etc.:

lucrum > logro; lignum > leño; lactucam > lechuga.

1. Perdida de la f- inicial latina, que dio lugar a una h- aspirada, que deja de pronunciarse en el siglo XVI:

farinam > harina (cast. medieval /harína/ > cast. moderno /arína/).

2. Transformacion de los grupos -li-, -c(u)l-, -g(u)l- entre vocales en -j- (cast. medieval /ž/, moderno /?/):

mulierem > mujer; oculum > ojo; tegulam > teja.

3. Transformación de los grupos cl-, pl-, fl- iniciales en ll-:

clamare > llamar; planum > llano; flammam > llama.

4. Transformación de los grupos -ct-, -ult-, -lc(u)l-, -sc(u)l- en -ch-:

lectum > lecho; multum > mucho; calculum > cacho; masculum > macho.

5. Diptongación de las vocales tónicas /?/, /?/ (“o” y “e” abiertas, surgidas en latín vulgar), dando lugar a los diptongos [ue], [ie], respectivamente; las vocales /o/, /e/ (cerradas) se conservan sin diptongar:

metum (/m?tum/) > miedo; focum (/f?kum/) > fuego;

retem (/retem/) > red; dolorem (/dolorem/) > dolor.

a) Palabras patrimoniales: Son palabras que forman parte del castellano desde su mismo origen o desde una fecha muy temprana y que han sido usadas de forma general por todo tipo de hablantes.

Las palabras patrimoniales han sufrido los cambios fonéticos que diferencian al castellano del latín y pueden ser muy distintas a las correspondiente palabras latinas: factum > hecho; filium > hijo.

b) Cultismos: Son palabras que no han sufrido apenas evolución fonética por haber entrado en el castellano en una época relativamente tardía o por ser de uso limitado (como sucede con el vocabulario filosófico, religioso, científico, jurídico, etc.).

La forma de los cultismos es muy parecida a la de las palabras latinas originarias, ligeramente adaptadas al castellano: capitulum > capítulo; spiritus > espíritu.

Como categoría intermedia entre las palabras patrimoniales y los cultismos, se sitúan los llamados semicultismos, palabras de introducción temprana en castellano, pero que, por formar parte del léxico religioso, jurídico o administrativo, sólo han sufrido parcialmente los cambios fonéticos propios del castellano: virgen, regla, obispo, canónigo, milagro, peligro, reino...


Dobletes léxicos: A menudo, una sola palabra latina ha dado origen a dos (o más) términos en castellano: una palabra patrimonial y un cultismo (o semicultismo). Frecuentemente, las dos palabras que forman el doblete han adquirido significados bastante diferentes; en tales casos, el término patrimonial suele tener un significado más concreto y material que el cultismo:

delicatus > delicado / delgado; malitia > malicia / maleza.

En ocasiones, la palabra patrimonial, por su mayor antigüedad, ha caído en desuso, por lo que actualmente pertenece a un registro más formal que el cultismo, que puede haberse convertido en un término común:

rapidus > rápido (cultismo) / raudo (palabra patrimonial); fossa > fosa (cultismo) / huesa (palabra patrimonial).

. Romanización (desde el siglo III a. C.) : Como consecuencia de la conquista romana de la península Ibérica, iniciada con ocasión de la victoria sobre Cartago en la 2ª Guerra Púnica, a finales del siglo III a.C., el latín (concretamente, el llamado latín vulgar, hablado por los soldados y colonos romanos, más cambiante que el latín clásico) se impuso gradualmente como lengua. De ese modo fueron desapareciendo las lenguas prerromanas, de las cuales se conoce relativamente poco. En cualquier caso, estas lenguas debieron dejar un cierto número de préstamos en el latín peninsular, parte de los cuales han sobrevivido en castellano y las restantes lenguas peninsulares; es el caso de términos como arroyo, perro, barro, páramo, pizarra, vega, caspa, etc.

A grandes rasgos, existían dos áreas lingüísticas en la península antes de la romanización:

- Área indoeuropea, que se extendía fundamentalmente por el centro y oeste. Entre las lenguas indoeuropeas peninsulares, la mejor atestiguada es el celtíbero, asentado en el valle medio del Ebro y en el alto Duero, en torno a las actuales provincias de Soria, Guadalajara, Teruel, Zaragoza, La Rioja... También hay algunas inscripciones en lusitano, situado en parte del actual Portugal y algunas provincias españolas limítrofes, como Zamora o Salamanca.

- Área no indoeuropea, que comprendía el este y el sur peninsulares. Hay numerosos testimonios del ibero, extendido por la región mediterránea, desde Cataluña a Andalucía oriental; a pesar de que el ibero desarrolló una escritura propia, bien conocida, los textos en esta lengua apenas se han podido interpretar. También hay restos de una presunta lengua tartesia en Andalucía occidental y el sur de Portugal. Así mismo, es no indoeuropea la única lengua prerromana que se ha mantenido hasta nuestros días: el vasco o eusquera, el cual ocupaba en esa época un área geográfica algo más extensa que en la actualidad. Se ha especulado mucho en torno al posible parentesco entre el vasco y el ibero, pero no parece que hubiera una estrecha relación entre ambas lenguas.

2. Invasión visigótica (siglo V) : Desde comienzos del siglo V, con el debilitamiento del Imperio Romano, se produjeron distintas invasiones de pueblos bárbaros (fundamentalmente germánicos) que se establecieron en la península Ibérica; entre ellos, los suevos crearon un reino en Galicia y el norte de Portugal relativamente duradero (hasta finales del siglo VI). No obstante, quienes consiguieron la hegemonía, primero como aliados del Imperio Romano, y después, desde finales del siglo V, como grupo dirigente de un nuevo reino, fueron los visigodos, los cuales unificaron la mayor parte de la península Ibérica a lo largo del siglo VI.

Los visigodos hablaban una lengua germánica oriental: el gótico, lengua a la que ya en el siglo IV había traducido la Biblia el obispo arriano Ulfilas. Sin embargo, antes de asentarse en la península Ibérica, los visigodos habían permanecido largo tiempo en tierras del Imperio Romano, en estrecho contacto con la lengua y cultura latinas, y estaban bastante romanizados. Por otra parte, su conversión definitiva al catolicismo a fines del siglo VI, abandonando el arrianismo (herejía que negaba la divinidad de Cristo), favoreció el empleo exclusivo del latín como lengua de cultura. Además, el número de germanos que entraron en la península fue bastante limitado (unos pocos cientos de miles) en relación con el de hispanorromanos que vivían aquí (varios millones). Por todo ello, se mantuvo plenamente la lengua latina en la península durante todo este periodo, mientras que el gótico fue desapareciendo gradualmente. No obstante, determinadas palabras germánicas se introdujeron en el latín (bien en el latín común, bien en el latín regional de la península Ibérica) y pasaron al castellano, donde hay algunas decenas de términos de este origen. Suelen ser palabras relacionadas con el mundo militar u otras actividades de la vida cotidiana: espía, feudo, guerra, bando, dardo, guardar, robar, rico, tregua, ropa, falda, ganso, guisar... También contamos con nombres propios (antropónimos y topónimos) de origen germánico: Álvaro, Rodrigo, Fernando, Alfonso, Adolfo, Elvira, Burgos, Castrogeriz... El fenómeno lingüístico más importante en este periodo fue el comienzo de la fragmentación del latín. Con la desaparición del Imperio Romano, el latín vulgar empezó a evolucionar por separado en los distintos territorios, surgiendo una serie de dialectos, cada vez más diferenciados. Algunos se consolidarían como lenguas de cultura, constituyendo las llamadas lenguas románicas (también conocidas como lenguas romances o neolatinas): gallego, portugués, castellano, catalán, francés, provenzal, sardo, retorrománico, italiano, rumano y dálmata (extinguido en el siglo XIX). Sin embargo, en esta etapa aún no hay testimonios escritos de las lenguas románicas (el latín se seguía usando en exclusiva con fines literarios, jurídicos, religiosos, filosóficos o científico-técnicos); el texto más antiguo conocido en una lengua románica son los Juramentos de Estrasburgo, por los que Luis el Germánico y Carlos el Calvo, hijos del emperador Luis el Piadoso (nietos de Carlomagno), renovaron en el año 841 su alianza contra su hermano Lotario. Se trata de un documento trilingüe, con pasajes en latín, aunque los juramentos propiamente dichos figuran en francés primitivo y en antiguo alemán.

3. Invasión árabe (siglo VIII) : En esta etapa se rompe definitivamente la relativa unidad lingüística que existía en la península Ibérica. Hasta la invasión árabe del año 711, en todo el territorio (excepto en la zona vasca) se mantenía como lengua común el latín, aunque sin duda ya en fase de evolución diferenciada. Sin embargo, al iniciarse la Reconquista, en cada territorio cristiano del norte peninsular comenzó a desarrollarse un dialecto diferente. Así aparecieron, de oeste a este, el gallego-portugués, el astur-leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán. Por otra parte, en las zonas dominadas por los árabes, junto a la lengua árabe, los cristianos hablaban los dialectos mozárabes, menos evolucionados con respecto al latín que los dialectos del norte, aunque muy influidos por el árabe. La lengua árabe también ejerció un poderoso influjo sobre las lenguas que se estaban formando en el norte. En concreto, en castellano puede haber más de 4.000 arabismos, relativos a todas las esferas de la vida económica (con gran cantidad de términos agrícolas, en particular), social y cultural, así como infinidad de topónimos: albaricoque, alcachofa, algodón, alubia, azúcar, azahar, naranja, bellota, acequia, alfombra, almohada, albornoz, alfiler, alicate, albañil, tabique, aduana, almacén, aldea, alcalde, alguacil, alférez, ajedrez, azar, tambor, alarido, ojalá, azul, añil...; Alcalá, Alcolea, Medina, Algeciras, Guadalquivir, Guadiana... Es cierto, no obstante, que algunos arabismos que eran corrientes en el castellano medieval y clásico han ido cayendo en desuso, prefiriéndose actualmente palabras de otro origen: alfayate (> sastre), albéitar (> veterinario), alarife (> arquitecto), alfóncigo (> pistacho)... Hay distintas causas que explican la ruptura lingüística que se produjo en esta etapa:

1. Influencia del sustrato: se conoce como sustrato lingüístico a la lengua o lenguas habladas previamente en un territorio donde se implanta una nueva lengua. El latín se había implantado sobre zonas con lenguas diferentes (celtíbero, ibero, etc.), lo cual favorecía una evolución diferenciada.

2. Influencia del adstrato: el adstrato de una determinada lengua lo constituyen las lenguas vecinas con las que tiene un cierto contacto y de las que recibe influencias. En el caso concreto del castellano, algunas de sus características parecen estar influidas por la proximidad, en la época de su formación, de la lengua vasca. Algo parecido ocurre con el catalán medieval, muy influido por la vecina lengua provenzal.

3. Diferencias en el grado de romanización: el latín no se había impuesto con la misma intensidad en todas las zonas. En las regiones cantábricas, que fueron las últimas en ser conquistadas por Roma y las menos romanizadas, se introdujeron más cambios en el latín que en otras zonas.

4. El aislamiento inicial de los grupos cristianos, asentados en regiones montañosas del norte peninsular, mal comunicadas, favoreció la diferenciación lingüística.

5. El bajo nivel cultural y el analfabetismo generalizado facilitaban la evolución lingüística diferenciada, al no ejercer apenas ninguna presión normativa (unificadora, por tanto) el latín.

4. Evolución de los primitivos dialectos

a) Los dialectos mozárabes fueron absorbidos por las restantes lenguas a medida que avanzaba la Reconquista y desaparecieron totalmente a lo largo de la Edad Media. No obstante, ejercieron cierta influencia de sustrato, y algunos términos mozárabes han pasado al léxico del castellano, portugués, etc. Son posibles mozarabismos palabras como alcayata, amapola, horchata, marchito, canuto…

b) El gallego-portugués se extendió hacia el sur, al avanzar la Reconquista en Portugal. Aunque durante la mayor parte de la Edad Media existió una lengua literaria gallego-portuguesa, en la que se compuso una magnífica poesía lírica (siglos XIII y XIV), la división política entre Portugal y Galicia (en el siglo XII) dio lugar con el tiempo a la formación de dos lenguas diferentes: el portugués y el gallego. Desde finales del siglo XIV puede hablarse de la existencia de una lengua literaria portuguesa diferenciada, que continuó su evolución como lengua de cultura, hasta llegar a ser, actualmente, una de las más habladas del mundo: está implantada, además de en el propio Portugal, en Brasil, en Timor Oriental (Asia) y en las repúblicas africanas de Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea-Bissau. En cambio, en Galicia, vinculada pronto a la corona de Castilla, se dio durante siglos una situación de diglosia, con el castellano como lengua de cultura y el gallego como lengua coloquial, sin prestigio social, relegado al ámbito rural y familiar. Entre los siglos XV y XIX el gallego no tuvo cultivo literario; sólo en el siglo XIX, con el llamado Rexurdimento, se produce el despertar del gallego como lengua de cultura; concretamente, en 1863 aparece el primer libro publicado íntegramente en gallego: Cantares gallegos, de Rosalía de Castro. Desde entonces, a pesar de las dificultades políticas y sociales, y de la persistente presión del castellano como superestrato lingüístico, el gallego se ha ido normalizando

paulatinamente, hasta llegarse a la situación actual, de teórico bilingüismo gallego-castellano.

c) El catalántambién creció hacia el sur con el avance de la Reconquista, y a partir del siglo XIII se implantó en el reino de Valencia y en las islas Baleares. En la Edad Media el catalán tuvo un brillante cultivo literario (al principio, con una fuerte influencia de la poesía trovadoresca provenzal), alcanzando su apogeo durante el siglo XV, especialmente en el reino de Valencia. A partir del siglo XVI, por causas políticas y económicas, entró en un periodo de decadencia, y en 1716, con los Decretos de Nueva Planta, perdió su condición de lengua oficial; tan sólo en la isla de Menorca, bajo dominio inglés durante la mayor parte del siglo XVIII, se mantuvo el uso administrativo y literario del catalán. Sin embargo, desde mediados del siglo XIX, con la Renaixença, el catalán comienza su recuperación como lengua de cultura, convirtiéndose a lo largo del siglo XX, a pesar de las dificultades políticas y los cambios sociales experimentados, en una lengua plenamente normalizada. Dentro del área lingüística catalana, hay que recordar que en el reino de Valencia, donde la castellanización fue más prolongada y profunda que en Cataluña y Baleares, no se ha asumido oficialmente la norma ortográfica y gramatical del catalán, por lo que se considera, a efectos legales, que el valenciano constituye una lengua diferenciada del catalán. No obstante, la inmensa mayoría de los lingüistas defiende que se trata de una variedad regional del catalán.

d) A diferencia de los anteriores, los dialectos astur-leonés y navarro-aragonés vieron limitada su expansión por la pujanza y crecimiento del castellano. No llegaron a normalizarse como lenguas de cultura, quedando englobados dentro del área lingüística castellana, con la consideración de dialectos históricos; entre ellos, el bable o asturiano han conservado una especial vitalidad.

Ha habido distintos intentos de convertir estos dialectos en lenguas literarias y actualmente hay grupos partidarios de la oficialización de la llingua asturiana y de la fabla aragonesa, como variantes estandarizadas de dichos dialectos; sin embargo, a pesar de que han alcanzado cierto reconocimiento oficial, sobre todo en Asturias (donde el asturiano está presente en la enseñanza), parece difícil que se llegue a una situación de bilingüismo en esas regiones. La condición sociolingüística del asturiano es más pujante (el número de usuarios de bable puede superar los 300.000, aunque a menudo se trata más bien de hablantes de un castellano influido por las hablas locales), mientras que el aragonés está cercano a la extinción (con menos de 20.000 hablantes, en su mayoría de edad avanzada).

5. Expansión del castellano; el castellano medieval : El castellano, el más innovador de los dialectos románicos peninsulares, tuvo su origen en la zona oriental de Cantabria y el norte de Burgos, desde donde se extendió rápidamente. El condado de Castilla se independizó del reino de León en el siglo X y dirigió el proceso de Reconquista, limitando la expansión territorial de León, Navarra y Aragón. El área lingüística castellana creció tanto hacia el sur (a costa del árabe y el mozárabe), como hacia el oeste (desplazando gradualmente al astur-leonés) y el este (en Aragón, la instauración de la dinastía castellana de los Trastámara en el siglo XV favoreció la castellanización de este reino, en detrimento del aragonés). Los documentos más antiguos en castellano que conocemos son de finales del siglo X o principios del XI. Se trata de unos textos religiosos muy breves (en realidad, anotaciones en castellano escritas al margen de textos latinos): la Glosa Emilianense (procedente de San Millán de la Cogolla, en La Rioja) y la Glosa Silense (de Santo Domingo de Silos, en Burgos; aunque el texto puede proceder igualmente de San Millán). Hay que tener en cuenta, no obstante, que la lengua de estas glosas era, más que el castellano propiamente dicho, alguna variedad del navarro-aragonés, pues La Rioja, inicialmente de Navarra, no comenzó a castellanizarse hasta el siglo XI. Además, en la Glosa Emilianense aparecen también algunas palabras en vasco. En la Edad Media el castellano tenía muchas variedades geográficas y presentaba numerosas vacilaciones en su léxico, morfología, sintaxis, fonética y escritura. El primer intento de regularizar la lengua, estableciendo unas normas comunes, lo realizó el rey Alfonso X en el siglo XIII, para lo cual tomó como modelo el habla toledana. Además, en este periodo el léxico castellano se amplió considerablemente, gracias a los numerosos cultismos, tomados del latín, que se incorporaron a la lengua a través de las obras literarias, históricas, jurídicas, etc., obras que, con frecuencia creciente a partir del siglo XIII, se redactaban en castellano. Algunos de los cultismos latinos que entraron en el castellano en esta etapa son, por ejemplo, cualidad, comparación, condición, elemento, estudio, exilio, femenino, geometría, ídolo, ileso, licencia, malicia, ocasión, prólogo, tirano... Junto al latín, el árabe y el francés contribuyeron también notablemente al enriquecimiento del léxico castellano. Entre los galicismos medievales del castellano (procedentes del propio francés o del provenzal, hablado en el sur de Francia) figuran, por ejemplo, jamón, faisán, vinagre, manjar, botella, mesón, hostal, jardín, monje, fraile, doncella, duque, flecha, homenaje, mensaje, salvaje, peaje, español...

En el siglo XV, con la culminación de la Reconquista y la conquista de las islas Canarias, prosiguió la expansión territorial del castellano. Además, durante este siglo, el ambiente cultural humanista despertó el interés por el mundo grecolatino; este interés motivó una nueva irrupción de cultismos, frecuentemente de manera superflua e inmotivada, por lo que muchos de esos cultismos no se asentaron en la lengua. Además, la lengua literaria intentó también imitar los usos sintácticos latinos, a menudo con resultados extravagantes. No obstante, y a pesar de esos excesos, la prosa literaria y humanística ganó en amplitud y profundidad, con un ritmo más reposado y unas estructuras más compleja y precisas. En cualquier caso, a finales de la Edad Media el castellano había alcanzado ya la madurez como lengua literaria. Una magnífica muestra de ello fue la publicación en 1492 de la Gramática de la lengua castellana, de Antonio de Nebrija; no sólo se trata de la primera gramática del castellano, sino también de la primera gramática de cualquier lengua europea moderna.

6. El castellano o español clásico:Durante los siglos XVI y XVII el castellano se consolida plenamente como lengua de cultura y se convierte en la lengua nacional, adquiriendo además gran prestigio y difusión fuera de España; por ello, comienza a cobrar sentido la denominación de lengua española, equivalente a la de lengua castellana.Los procesos más importantes que se dan en el terreno lingüístico son los siguientes:–Con el descubrimiento y conquista de América, el castellano amplía drásticamente su área de

asentamiento; hay que tener en cuenta, de todos modos, que la castellanización de Hispanoamérica (castellanización parcial, pues siguen existiendo numerosas lenguas amerindias, con millones de hablantes, si bien éstos, en su mayoría, son también usuarios del castellano) fue un proceso gradual, que sólo se intensificó tras la independencia de las Repúblicas americanas.Otra consecuencia de la colonización de América fue la introducción en castellano de abundantes préstamos léxicos procedentes de las lenguas americanas; a menudo, ese léxico se ha difundido desde el castellano a las distintas lenguas europeas. Algunos americanismos del español son, por ejemplo, tabaco, maíz, patata, cacao, tomate, chocolate, tiburón, canoa, piragua, cacique, caníbal, huracán, caucho...

Por otra parte, la presencia política y militar española en Italia, así como el prestigio de la cultura italiana en esta etapa (que coincide con la difusión del Renacimiento por toda Europa), explican la apreciable entrada de italianismos en castellano, en su mayoría relacionados con la vida militar, la ingeniería y las artes. Algunos de ellos son, por ejemplo, escopeta, escolta, arsenal, contienda, piloto, marchar, saquear, avería, modelo, balcón, terraza, novela, soneto, piano, ópera, casino...

Paralelamente, el castellano fue consolidando su posición dominante en la Península, perdiendo el gallego y el catalán su condición de lenguas administrativas y literarias (el vasco nunca había tenido esa condición). Incluso en Portugal (que estuvo durante más de medio siglo bajo dominio español) gozó de un gran prestigio, y numerosos autores portugueses escribieron también en castellano.

Durante los siglos XVI y XVII el castellano sufrió una serie de cambios de todo tipo (morfología, sintaxis, etc.); fueron especialmente llamativas las transformaciones fonéticas, con la desaparición de una serie de sonidos y la formación de otros nuevos, que llevaron al establecimiento del moderno sistema fonológico del español. Sin embargo, el sistema de escritura no se acomodó a los cambios fonéticos y, aunque hubo una cierta regularización, motivada fundamentalmente por la difusión de la imprenta, no puede hablarse todavía de la existencia de una ortografía del castellano.

Junto a las obras de creación de los principales escritores, que sirven como modelo lingüístico, es importante también la labor de una serie de estudiosos de la lengua (tratadistas, gramáticos, lexicólogos) que contribuyen a su progresiva fijación. Destacan, entre otros, Juan de Valdés, con su Diálogo de la lengua (1536), Sebastián de Covarrubias, autor del Tesoro de la lengua castellana o española (1611), y Gonzalo de Correas, que recopiló un Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1625).

7. El español moderno : A comienzos del siglo XVIII, con la nueva dinastía borbónica, se acelera la unificación política y administrativa de España. En esa línea, los Decretos de Nueva Planta (1716) convierten al castellano en la única lengua oficial en todo el reino.Por otra parte, culmina en este siglo la estandarización de la lengua, mediante la fundación de la Real Academia Española (1713), institución que se encargará, desde entonces, de fijar la norma culta del español, tanto en su aspecto gráfico como gramatical y léxico. Entre las obras publicadas por la Real Academia Española en siglo XVIII, hay que destacar el Diccionario de Autoridades (1726-1739), la Orthographía (1741; en la edición de 1763 el título se escribe ya Ortografía) y la Gramática (1771). A lo largo del siglo XVIII y en las primeras décadas del XIX, la Academia dicta una serie de reformas ortográficas, y en 1815 se establecen las reglas que siguen vigentes en la actualidad; los cambios posteriores han sido mínimos, limitados a ciertos aspectos de la acentuación y a casos particulares.La independencia de las colonias americanas, a lo largo del siglo XIX, suponía una amenaza potencial para la unidad del español; sin embargo, a pesar de las peculiaridades del español en América y de las diferencias léxicas y fonéticas entre las distintas zonas y países, se ha preservado en lo fundamental la unidad de la norma culta, y las distintas Academias hispanoamericanas (fundadas en la segunda mitad del siglo XIX) colaboran con la Real Academia en su labor de fijación lingüística.Durante el siglo XVIII y buena parte del XIX, la principal influencia léxica que recibe el español es la francesa; entre los galicismos modernos se cuentan, por ejemplo, modista, chaqueta, pantalón, chupa, bisutería, hotel, chalet, sofá, garaje, chófer, croqueta, merengue, besamel, flan, galleta, financiero, bolsa, cotizar, garantía, aval, parlamento, debate, comité, intriga, interesante, favorito...A lo largo del siglo XIX y XX, el predominio industrial, comercial y político de las naciones anglosajonas (Gran Bretaña y EE.UU.) ha hecho del inglés la lengua más influyente en el planeta; eso explica la gran penetración de anglicismos en todo tipo de lenguas, fenómeno que también ha afectado al español. Algunos anglicismos consolidados en español son tanque, revólver, rifle, túnel, tranvía, vagón, yate, turista, bar, club, suéter, jersey, apartamento, váter, mitin, líder, dandi, fútbol, penalti, gol, tenis... Actualmente el español es la lengua materna de más de 350 millones de personas; es la cuarta del mundo por número de hablantes propios, tras el chino mandarín, el hindi y el inglés, aunque probablemente deba ser considerada la segunda (después del inglés) por su nivel de difusión e influencia. Es lengua oficial en Guinea Ecuatorial y en la mayoría de los países americanos al sur de Estados Unidos (donde tiene también una gran presencia), desde México y Cuba hasta Chile y Argentina.

Por otra parte, las restantes lenguas habladas en España han ido recuperando, en un proceso complejo que se inicia a mediados del siglo XIX, su prestigio social y cultural y sus derechos políticos y administrativos. Más de una cuarta parte de la población española tiene como primera lengua una lengua distinta al castellano (vasco, gallego o catalán), si bien la inmensa mayoría de ellos son también usuarios, más o menos competentes, del castellano. En las correspondientes comunidades autónomas (País Vasco, Navarra, Galicia, Cataluña, Baleares y Valencia) se da una situación de bilingüismo, pues tanto el castellano como las lenguas propias son oficiales en esos territorios; aunque estas situaciones entrañan siempre problemas prácticos y conflictos potenciales, la diversidad y riqueza lingüística de España es un patrimonio común que todos sus ciudadanos deben conocer, respetar y defender.

Características del signo lingüístico

Arbitrariedad: Los signos lingüísticos son símbolos; la relación entre el significante (la forma fonética de una palabra) y el significado es arbitraria. Prueba de ello es la gran diversidad lingüística que se registra entre los seres humanos; así, para designar el órgano de la visión tenemos términos tan distintos como ojo (español), olho (portugués), ull (catalán), oeil (francés), uei (provenzal), occhio (italiano), eye (inglés), Auge (alemán), oeg (neerlandés), øje (danés), suil (irlandés), lagad (bretón), mati (griego), sy (albanés), glaz (ruso), oko (polaco), akis (lituano), fül (húngaro) o silmä (finés), por citar tan sólo algunos ejemplos de lenguas europeas. En general, no hay una correlación entre las características del significante y las del significado: la extensión de una palabra, por ejemplo, no prejuzga la extensión del objeto representado (la palabra mar es menos extensa que la palabra charco). No obstante, algunos signos lingüísticos, excepcionalmente, están motivados, y pueden ser considerados (al menos, parcialmente) iconos. Es el caso, por ejemplo, de las onomatopeyas, palabras cuyo significante reproduce (en la medida de lo lingüísticamente posible) el correspondiente significado (bomba, croar, crujir...).

Carácter lineal: El signo lingüístico se desarrolla en el tiempo, por lo que los elementos que forman las cadenas lingüísticas están ordenados secuencialmente, de acuerdo con una serie de reglas estrictamente lingüísticas (morfológicas y sintácticas), distintas para cada lengua, que nada tienen que ver con la preexistencia o anterioridad de los seres u objetos en el mundo real. –Doble articulación: El signo lingüístico es articulado, es decir, puede ser descompuesto en unidades menores. Una primera segmentación permite aislar las unidades mínimas provistas de significación (sea ésta de carácter léxico o gramatical): son los llamados morfemas (o monemas), que constituyen las unidades de la primera articulación.

Ej: gatas ? gat # a # s

En la segunda articulación encontramos las unidades mínimas sin significado propio, los llamados fonemas, cuyo valor es meramente distintivo: sirven para diferencira unos morfemas de otros.

Ej: gat-a-s ? /g/-/a/-/t/ # /a/ # /s/

El cambio semántico: Las palabras de la lengua están sometidas a frecuentes transformaciones en sus significados para adaptarse a los nuevos objetos, conceptos y valores que surgen en la realidad. Estas modificaciones en los significados constituyen los cambios semánticos.

a) Consecuencias del cambio semántico: a.1. Sustitución del significado: una palabra puede remplazar su antiguo significado por uno nuevo: bujía significaba vela de cera; después pasó a designar una medida de intensidad lumínica, y actualmente pieza del motor de explosión;

hortera significaba en principio cazuela de madera, pasó a significar empleado, aprendiz en ciertos comercios, y finalmente, vulgar, de mal gusto.

a.2. Ampliación del significado: una palabra puede ampliar su significación, conservando sus antiguos significados al tiempo que incorpora otros nuevos: puente ha añadido a su significado constructivo primitivo otros metafóricos: pieza de los instrumentos de cuerda; artefacto que permite sujetar las piezas dentarias artificiales a las naturales; conexión que restablece un circuito eléctrico; pieza central en la montura de las gafas; cada una de las cubiertas de un buque; sucesión de varios días festivos, etc. cachondo amplió su significación clásica de sexualmente excitado o excitante, pasando a significar, además, divertido, burlón, etc.

a.3. Restricción del significado: hay palabras que, por el contrario, restringen su significado, al asociarlo a campos significativos muy concretos: lidiar significaba antiguamente pelear, combatir, pero se asoció más tarde al léxico taurino, con el significado de torear; manjar se adoptó antiguamente del provenzal con el significado de cualquier comestible, pero más tarde restringió su significado al de comida exquisita.

b) Causas del cambio semántico:


b.1. Causas históricas: los cambios en los significados de las palabras se deben en muchos casos a las transformaciones técnicas, sociales, económicas, etc. Las palabras modifican su significado para designar nuevos objetos, creencias, relaciones, etc.:

pluma (de ave, utilizada para escribir) > pluma (artificial, con la misma función);

coche (carruaje de tracción animal) > coche (vehículo automóvil).

b.2. Causas sociales: como consecuencia de las convenciones sociales (prejuicios, supersticiones, etc.), hay determinadas palabras, consideradas tabúes, que los hablantes procuran evitar, al menos en ciertas situaciones. Para referirse a los fenómenos denotados por los tabúes, recurren a otras palabras o expresiones, aceptadas socialmente, llamadas eufemismos, los cuales modifican así su significado. En principio, los eufemismos amplían su significación, pues mantienen su significado primitivo e incorporan además el correspondiente al tabú, pero en ocasiones pueden perder su antiguo significado, remplazándolo totalmente por el propio del tabú (con lo cual, el eufemismo corre el riesgo de verse sometido a un nuevo tabú): fallecer, con el significado primitivo de faltar, carecer, fallar, por su empleo como eufemismo de morir, acaba adoptando este significado como acepción principal.

b.3. causas psicológicas: los hablantes establecen asociaciones mentales entre diferentes objetos y situaciones de la realidad, y esas asociaciones pueden llevar a designar ciertas realidades con el nombre de otras. Cuando la asociación entre las dos realidades se basa en una relación de semejanza, se produce una metáfora; cuando se basa en una relación de contigüidad u origen, se produce una metonimia. Las metáforas y metonimias lexicalizadas contribuyen a la polisemia, cargando a las palabras de nuevos significados:

cuello de una botella (metáfora) / cuello de una camisa (metonimia);

luz “esperanza, salida a un conflicto” (metáfora) / luz “electricidad” (metonimia).

b.4. Causas lingüísticas: las palabras pueden adoptar el significado de otras a las que acompañan habitualmente en determinados giros o expresiones, y a las que pueden acabar por sustituir, en lo que se conoce como elipsis:

puro ha pasado a significar “cigarro”, a partir de la expresión cigarro puro (sin mezcla de papel);

lengua ha adoptado el significado de “asignatura de lengua española”.

Registro formal: vinculando a unas necesidades comunicativas muy concretas, asociadas a la transmisión de determinados conocimientos especializados; de ahí la existencia de una serie de lenguajes específicos( como el relijioso, jurídico administrativo, científico-técnico periodístico ,…)dentro de este registro. En tal registro se emplea la lengua de un modo planificado y consciente, siendo la forma de los mensajes especialmente relevante. No admite descuidos ni infracciones de la norma lingüística. En dicho registro se dispone de numerosos recursos gramaticales y sobre todo léxicos(abundantes cultismos y tecnicismos), pos eso dicho registro requiere un nivel de formación y algunos mesajes se hacen oralmente pero su uso mayoritario es de forma escrita.

Registro informal: se emplea en la comunicación cotidiana, con familiares, amigos, compis de trabajo, etc., haciendo un uso no espontaneo de la lengua. Descuidos e incorrecciones son frecuentes en este registro sobre todo en la variante conocida como lenguaje vulgar. Es un registro más pobre q el formal en cuanto a recursos léxicos y gramaticales aunque suele ser más expresivo y está al alcance de todos los hablantes. Se asocia mas q a nada a la legua hablada si bien existen textos escritos propios de este registro(cartas a semejantes, mensajes,…).

Las relaciones semánticas : a) Monosemia (palabras monosémicas): la monosemia consiste en que una palabra tenga un único significado. Las palabras monosémicas son relativamente infrecuentes en el léxico común, pero abundan más en la terminología especializada (leucocito, ectodermo, arquitrabe, etc.). b) Polisemia (palabras polisémicas): la polisemia es la pluralidad de significados de una palabra; no obstante, esas distintas acepciones se han desarrollado a partir de una base significativa común, mediante asociaciones psicológicas, a causa de su utilización en una serie de contextos habituales o en determinadas locuciones, etc.:

paso (sust.): 1. movimiento de cada pierna al caminar (paso a paso se iba alejando);

2. distancia recorrida en ese movimiento (está a unos pocos pasos de aquí);

3. ritmo con el que se camina o avanza (marchábamos a buen paso);

4. acción de pasar (todo quedó arrasado a su paso);

5. lugar por donde se pasa de una parte a otra (paso fronterizo);

6. permiso para pasar de un sitio a otro (nos está dando paso);

7. cada uno de los movimientos en un baile;

8. situación peligrosa o difícil;

9. decisión importante (no des ese paso sin consultármelo);

10. progreso o avance en una actividad (ha sido un primer paso);

11. pieza dramática breve; etc., etc.

c) Homonimia (homónimos): es el fenómeno por el cual dos o más palabras diferentes presentan el mismo significante, si bien su origen y significados son distintos. Las palabras homónimas pueden incluso pertenecer a diferentes categorías gramaticales (sustantivo y forma verbal, sustantivo y adjetivo, etc.):

llama (gas en combustión) / llama (mamífero rumiante americano) / llama (verbo llamar);

paso (sust., con todos sus posibles significados) / paso (1ª p. sg. pres. ind. del verbo pasar).

Cuando los homónimos tienen idéntica pronunciación, pero no escritura, son llamados homófonos (revelar / rebelar; hizo / izo); cuando, además, tienen idéntica escritura, son llamados homógrafos (calle, sust. / calle, imperativo del verbo callar; golfo “accidente geográfico” / golfo “pillo”).

Un caso especial de homonimia es la llamada homonimia gramatical o morfológica: aparece cuando en un paradigma gramatical encontramos dos o más formas idénticas:

(yo) paseaba (1ª p. sg. imperf. ind.) / (él / ella) paseaba (3ª p. sg. imperf. ind.);

estudiamos (1ª p. pl. pres. ind.) / estudiamos (1ª p. pl. pret. perf. simple).

d) Paronimia (parónimos): consiste en el parecido entre dos o más términos no emparentados léxicamente (inicuo / inocuo; orín / orina). En ocasiones, puede producirse el uso indebido de uno de los parónimos en sustitución del otro:

inefable por infalible; perjuicio por prejuicio; dilapidar por lapidar...

Por otra parte, la paronimia desempeña una importante función en el lenguaje literario y publicitario (paronomasia), pues la presencia de parónimos permite crear redes asociativas, con las que se refuerzan, contrastan, etc. los distintos significados: libros / libres; hombre / hambre... En relación con la paronimia, hay que destacar también la existencia en las lenguas de procesos de contaminación léxica o etimología popular, que llevan a la alteración del significante de un término por la influencia de otro parónimo:

telesférico (por teleférico, influido por esférico); discursión (por discusión, influido por discurso); inflingir (por infligir, influido por infringir); pulgatorio (por purgatorio, ¿influido por pulga?)... Por lo general, tales palabras constituyen creaciones esporádicas o vulgarismos más o menos extendidos, pero no admitidos por la norma; sin embargo, en algunos casos, los términos resultantes se han consagrado como variantes admitidas e incluso como formas exclusivas de una palabra:

guardilla - buhardilla; vagamundo - vagabundo; almario - armario; cerrojo (por verrojo)...

Esta clase de dobletes no deben confundirse con aquellos otros cuya formación se debe a procesos puramente fonéticos, sin una motivación léxica:

abuelo / agüelo; albóndiga / almóndiga; prisa / priesa; jaca / haca...


e) Sinonimia (sinónimos): consiste en que dos o más palabras diferentes tengan el mismo significado. Son raros los sinónimos totales, palabras que se pueden emplear indistintamente en todos los contextos (empezar, comenzar; oliva, aceituna; diferente, distinto; usual, habitual...), pues lo normal es que presenten alguna diferencia estilística, regional, idiomática, expresiva, etc. En cambio, son frecuentes los sinónimos parciales, palabras que pueden intercambiarse en algunos contextos. Los sinónimos parciales pueden tener diferencias:

idiomáticas: la sustitución sólo es posible en determinadas combinaciones léxicas:

subir / izar; mandar / enviar; tristeza / pena...;

estilísticas: los dos términos muestran diferencias en su expresividad, intensidad, etc.:

coger / agarrar; rechazar / repudiar; quitar / arrancar...;

sociolingüísticas: los sinónimos pertenecen a distintos registros (vulgar, coloquial, literario, etc.):

gandul / vago; modorra / sueño; espicharla / morir / fallecer...

f) Antonimia (antónimos): es la oposición de los significados de dos palabras (día / noche; alto / bajo; nacer / morir; antes / después...). Desde el punto de vista de la relación formal entre los antónimos, cabe distinguir entre: • antónimos gramaticales: la oposición semántica se expresa por medio de mecanismos derivativos (prefijos in-, anti-, a-, des-, contra-): posible / imposible; montar / desmontar; fascista / antifascista...

antónimos léxicos: la oposición semántica se manifiesta mediante palabras de distinta raíz: bueno / malo; joven / viejo; sano / enfermo...

Desde el punto de vista de la relación semántica entre los antónimos, se puede hablar de: • antónimos graduales: no existe una oposición absoluta entre ambos, pues es posible la gradación entre ellos: caliente / frío; grande / pequeño; cerca / lejos; nuevo / viejo...;

antónimos complementarios o privativos: la afirmación del uno implica la negación del otro, no siendo posible la gradación entre ellos: vivo / muerto; aprobado / suspendido; real / irreal; nuevo / usado...;

antónimos recíprocos: no hay una auténtica oposición semántica entre ambos términos, pues la existencia de uno de ellos implica también la del antónimo: padre / hijo; comprar / vender; enseñar / aprender; dar / recibir...

g) Hiperonimia e hiponimia (hiperónimos e hipónimos): la hiperonimia es el fenómeno por el cual el significado de una palabra, más general y abarcadora (hiperónimo), queda implícito en los significados de otras palabras, más específicas y delimitadas (hipónimos):

fruta es el hiperónimo de manzana, pera, melocotón, naranja, etc.; éstos son hipónimos de fruta.

Los hiperónimos e hipónimos desempeñan un papel estilístico relevante, pues, al igual que los sinónimos, permiten asegurar la cohesión semántica de los textos sin necesidad de recurrir a la repetición continua de las mismas palabras:

Me ha estado enseñando su caballo nuevo. Es un animal precioso.

Locuciones idiomáticas

Una locución idiomática (o giro idiomático) es una agrupación estable de palabras que presenta un significado conjunto, el cual no siempre puede deducirse de la mera combinación de los significados individuales de las palabras que la integran:

a) Locuciones prepositivas: son grupos de palabras (la última de las cuales suele ser una preposición propia) que equivalen funcionalmente a una preposición:

acerca de, con relación a, con respecto a, con vistas a, de cara a, junto a, por espacio de, por parte de...

b)Locuciones conjuntivas: ejercen funciones propias de conjunciones, tanto coordinantes (sino que, o sea, es decir, o bien...) como subordinantes (una vez que, a medida que, dado que, a fin de que, puesto que, ya que, a condición de que, siempre y cuando...).

Algunas de estas locuciones pueden ser discontinuas:

ya... ya, sea... sea, tan pronto... como, tanto... como, lo mismo... que, tan... como...

c)Locuciones determinativas: desempeñan la función de determinantes cuantitativos indefinidos; suelen terminar por la preposición de, a la que sigue el sustantivo determinado por la locución:un montón de, un sinfín de, infinidad de, un porrón de, cantidad de, una miaja de, un pelín de...

d) Locuciones adverbiales: realizan funciones propias de los adverbios, ya sean modales (las más frecuentes), temporales, cuantitativas, de frecuencia, etc.:

de repente, a las mil maravillas, en la vida, de cabo a rabo, de sol a sol, cada dos por tres, un montón, a raudales, en un abrir y cerrar de ojos, en menos que canta un gallo, como Dios manda...

e) Locuciones adjetivas: desempeñan funciones propias de los adjetivos, bien como modificador o adjunto al nombre (Hemos visto un espectáculo de primera), bien como predicado nominal (La sopa estaba de rechupete); normalmente aparecen introducidas por una preposición (de, para, sin...):

de primera, sin igual, de miedo, de película, de puta madre, para morirse...

f)Locuciones pronominales: equivalen funcionalmente a pronombres personales (típicamente de primera persona: un servidor, mi humilde persona, éste que les habla...) o indefinidos (ni dios, todo dios, todo el mundo, el primero que pasa, todo hijo de vecino, hasta el último mono, cuatro gatos...).

g)Locuciones nominales: realizan la misma función que un sustantivo, no siempre es fácil trazar los límites entre los nombres compuestos, las locuciones nominales (llamadas también colocaciones o compuestos sintagmáticos) y los sintagmas nominales no lexicalizados; de hecho, las locuciones nominales tienen la misma estructura que cualquier otro sintagma nominal (un nombre puede aparecer modificado por otro nombre con preposición o sin ella –en aposición- o por un adjetivo:

tabla rasa, vía férrea, hombre rana, santo y seña, capitán general, patria potestad, culo de mal asiento, cabeza de chorlito, alma de cántaro...

h)Locuciones verbales: equivalen al núcleo de un predicado verbal o a un predicado nominal en su conjunto; normalmente están constituidas por un verbo (a menudo un verbo de apoyo, semánticamente muy debilitado: dar, echar, pasar, hacer, tener, estar...) más un complemento léxico que delimita y precisa su significado; además, la locución puede tener complementos sintácticos (echar de menos a alguien, hacer caso a alguien...):

tener en cuenta, hacer la vista gorda, venir a menos, poner manos a la obra, dar esquinazo, sacar de quicio, hacer su entrada, no tener un pelo de tonto, no tener dos dedos de frente...

[No hay que confundir las locuciones verbales con las perífrasis verbales, de naturaleza sintáctica, no léxica. A diferencia de las locuciones (que raramente incluyen más de un verbo), las perífrasis verbales están formadas por dos verbos: el primer verbo (auxiliar, con un significado gramatical, ya sea modal: poder, tener que, deber...; aspectual: empezar a, acabar de, volver a, echar a, soler...; o temporal: ir a) aparece conjugado, en concordancia con el sujeto de la oración; el segundo verbo (vebo léxico que selecciona sus argumentos: sujeto, complemento directo, indirecto, etc.) figura típicamente en forma no personal: infinitivo, gerundio o participio. Además del verbo auxiliar y el verbo léxico, las perífrasis pueden incluir preposiciones y conjunciones (a, de, que):

tienes que leerte este libro, pronto dejará de llover, os vengo avisando del problema... Las perífrasis verbales se pueden combinar entre sí, formándose cadenas de varios verbos auxiliares (sólo el primero de ellos conjugado) y un único verbo léxico (en la forma n o personal exigida por el último de los verbos auxiliares):

vais a tener que ir empezando a pensar en el examen...

Los verbos de las locuciones verbales, como cualquier otro verbo léxico, pueden entrar a formar parte de perífrasis verbales:

No bebía desde el mes pasado, pero hoy ha vuelto a empinar el codo.] i) Locuciones oracionales (o clausales): incluyen tanto al sujeto como al predicado, pero a diferencia de las frases hechas (refranes, sentencias, aforismos, etc.) presentan un argumento variable en su estructura (normalmente un objeto directo o indirecto que designa a la persona concreta involucrada en la acción); asimismo, pueden presentar variaciones flexivas (modo, tiempo, etc.):

Me (nos / te...) lo ha dicho (dijo / dice...) un pajarito.

Me (te / le...) van a dar (han dado / dieron...) los siete males.

Me (te / le / la...) va a pillar (ha pillado / pilló...) el toro.

Alomorfismo y supletivismo : En las lenguas flexivas, como el español, se da la llamada inflexión o flexión interna, es decir, la modificación de la forma de los lexemas asociada a los distintos accidentes gramaticales de la palabra: dorm-ir / duerm-o / durm-ió;

con-duc-ir / con-duzc-o / con-duj-e.

Los alomorfos son las distintas variantes que puede presentar un morfema (léxico o gramatical) en el curso de la flexión o de la derivación: traig-o, tra-er, traj-e son alomorfos del lexema verbal tra- (se adopta convencionalmente como forma básica la más extendida o la menos marcada morfológicamente); hoja-s, luc-es son alomorfos de la desinencia nominal de plural. Cuando las distintas formas correspondientes a una misma raíz léxica presentan diferencias fonéticas muy acusadas se habla de supletivismo: s-oy, er-es, es, so-mos, fu-i... son raíces supletivas del verbo “ser”;yo, me, , con-migoson formas supletivas del pronombre personal de 1ª sg.

Otros mecanismos de creación de palabras

a) Apócope (truncamiento): consiste en eliminar la parte final de una palabra polisilábica, dejando en su lugar una palabra más breve (por lo general, bisilábica): cole(gio), profe(sor), boli(grafo). Es un mecanismo frecuentísimo en el habla coloquial, aunque normalmente no conduce a la creación de nuevas palabras, sino de variantes de palabras ya existentes, pues los hablantes suelen ser conscientes de la identidad léxica entre la forma plena y la forma apocopada. En ocasiones, sin embargo, la forma apocopada puede llegar a convertirse en la forma habitual de la palabra, quedando más o menos arrinconada la forma plena:

metro(<metropolitano),moto(<motocicleta),cine (< cinematógrafo)...

b) Síncopa: consiste en la supresión de un grupo de sonidos (generalmente una sílaba) en el interior de la palabra. Es un procedimiento muy poco productivo en la lengua española moderna:

natividad > navidad; cejijunto > cejunto.

c) Préstamo (extranjerismo, barbarismo): Consiste en introducir una palabra extranjera en el léxico de la propia lengua. La introducción de préstamos es un fenómeno inevitable, pues muchos de ellos sirven para designar realidades o conceptos previamente inexistentes (bit, chip, rap); no obstante, a menudo los extranjerismos resultan superfluos, al existir palabras nativas con el mismo significado, y obedecen únicamente a la hegemonía política o cultural de una determinada lengua (en la actualidad, el inglés; en otros periodos históricos, el italiano o el francés):

sponsor / patrocinador; spot / anuncio; okey / de acuerdo...

Los préstamos plantean una serie de problemas lingüísticos:

su correcta escritura, que debe ajustarse a la ortografía de la lengua original, a menos que se haya admitido normativamente su adaptación al español: squash, light, click / mitin, fútbol;

la pronunciación apropiada, que no debe ser marcadamente extranjerizante: squash: /eskuás/, no /skw??/

la presencia de terminaciones consonánticas ajenas a la estructura de palabra propia del español (flash, click, chip), lo cual origina vacilaciones morfológicas (formación del plural, derivación verbal, etc.): click - clicks, sandwich - sandwiches / sandwichs; club - clubs / clubes...

d) Neologismo: en un sentido amplio, un neologismo es cualquier palabra creada expresamente en la lengua para designar una nueva realidad o concepto, incluyendo las que se crean mediante los procedimientos habituales (composición, derivación, etc.). Pero cabe hablar también de neologismos en un sentido más restringido, para referirse a aquellas palabras que se basan en raíces previamente inexistentes tanto en la propia lengua como en las restantes lenguas.

Normalmente, estos neologismos absolutos constituyen creaciones individuales y ocasionales, actos de habla que no se trasladan al sistema de la lengua, aunque ocasionalmente consiguen consolidarse: gas (palabra creada en el siglo XVII por el médico y químico flamenco Van Helmont).

Una clase especial de neologismos está constituida por los nombres propios y nombres de marcas comerciales que se lexicalizan, convirtiéndose en nombres comunes: kleenex, dodotis, aspirina, voltio, moscoso.

e) Siglas y acrónimos: las siglas son las letras iniciales de un grupo de palabras (normalmente, un sintagma nominal formado por un nombre y sus complementos) que remplazan al grupo en su conjunto. Las siglas son muy frecuentes en el lenguaje jurídico-administrativo, en el periodístico y en el científico-técnico, aunque cada vez son más habituales también en la lengua coloquial:

LOU (Ley Orgánica de Universidades), TAE (Tasa Anual Equivalente), PIB (Producto Interior Bruto), UGT (Unión General de Trabajadores), SIDA (Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida)...

Cuando las siglas son pronunciadas como si se tratara de una verdadera palabra, pasan a constituir acrónimos; éstos pueden incluir, además de las letras iniciales, también otros sonidos de las palabras involucradas: IMSERSO (Instituto Madrileño de SEguRidad SOcial), RENFE (REd Nacional de FErrocarriles).

En principio, las siglas y los acrónimos no forman parte del léxico de una lengua, pero en ocasiones desplazan al grupo de palabras del que proceden y constituyen de hecho nuevas palabras. Una consecuencia de ello es que las siglas pueden intervenir en procesos de composición y derivación:

PP > pepero, UGT > ugetista, SIDA > sidoso, antisida.