Lengua 18 part 1

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Características del romance El romance es una composición lírico-narratíva, creada para ser cantada, for­mada por versos octosílabos que riman en asonante en los pares, mientras quedan sueltos los impares (8-, 8a, 8-, 8a). •Es una composición lírico-épica, es decir, cuenta una pequeña historia combinando recursos propios de la lírica y de la épica. De raíz lírica es el lenguaje expresivo o emotivo, como las exclamaciones, interrogaciones, diminutivos, repeti­ciones (de palabras, estructuras o sonidos), y la sintaxis es sencilla. Al mismo tiempo, como la épica, el romance emplea un lenguaje arcaizante, muy alejado del coloquial, así como otros recursos característicos de la literatura oral: apelaciones al público, cambio en el punto de vista narrativo (narración, diálogo, monólogo...), epítetos épicos, uso especial de los tiempos verbales, etc. •El romance tiene un carácter fragmentario, es decir, es una pequeña historia, a veces una simple escena, aislada del contexto; por eso parece un fragmento de un relato más largo del que desconocemos el comienzo y el final. El romance va a lo esencial, sin introducciones, y suele acabar de forma abrupta; ese fragmentarismo confiere un tono misterioso y dramático a la composición. Estilo En general, el romance presenta un estilo muy definido y particular, por la suma de recursos líricos, épicos y dramáticos. El poema tiene siempre un tono sencillo, in­tenso, ágil en la narración y emotivo. Suele predominar la narración sobre la descripción, y ambas formas incluyen elementos líricos. Asimismo, la combinación de diálogo y fragmentarismo (el re­coger sólo escenas aisladas de intensa emoción) proporciona un intenso tono tea­tral o dramático a los romances. Clasificación de los romances Según los temas de que tratan, los romances se clasifican en: •Épicos. Recogen temas y personajes de los cantares de gesta: el Cid, Fernán González.., •Históricos o noticieros. Tratan de la historia más reciente y tienen una fun­ción propagandística. Dentro de este grupo están los fronterizos, sobre las últimas guerras contra los moros, y los moriscos, que presentan con simpatía a los musul­manes.Líricos y novelescos. Los romances líricos son muy breves y emotivos, y tra­tan sobre temas característicos de la lírica: el amor, la muerte, la soledad... Los ro­mances novelescos suelen centrarse también en el tema amoroso, pero hay más narración y a veces recogen asuntos y personajes de la épica europea, como el rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, Carlomagno, etc. También suelen incluir elementos fantásticos.La prosa en el siglo XV El desarrollo de la prosa castellana sigue los modelos de la época: auge de las nove-las idealistas y de la sátira de costumbres.•En la novela idealista triunfaron las novelas sentimentales de Juan Rodríguez del Padrón con Siervo libre de amor y Diego de San Pedro con Cárcel de amor. La novela de caballerías más valorada fue el Amadís de Gaula, un relato que mástarde, en el siglo XVI, reelaboró Garci Rodríguez de Montalvo con gran éxito y que dio lugar a toda una saga de Amadises.•La prosa didáctica. La obra más representativa de la prosa didáctica del siglo XV es el Corbacho, de Alfonso Martínez de Toledo, arcipreste de Talavera. Es una sátira que trata del amor desde una perspectiva cristiana y anticortesana e incorpora nu­merosos tópicos misóginos (prejuicios contra las mujeres) muy comunes en la época, interesa porque recoge el lenguaje vivo y desenfadado: la lengua coloquial llena de refranes y de giros populares, que recuerda la del Libro de Buen Amor y se asemeja a la de La Celestina.El teatro del siglo XV El teatro es el género que menos se desarrolla en esta época. Junto al teatro religioso que continúa la tradición medieval, representado por Lucas Fernández, a finales del siglo aparece una nueva generación que inicia el teatro renacen-tista. En ella destaca Juan del Encina, quien refleja la influencia humanista en obras como Plácida y Victoriano donde combina el tono sentimental y personajes mitológicos. Además, en el siglo XV surge un teatro para ser leído, a imitación de la comedia humanística italiana, modalidad a la que pertenece La Celestina.La Celestina, de Fernando de Rojas El autor y su épocaFernando de Rojas fue un hombre de leyes, converso, que vivió en diferentes ciu­dades castellanas a finales del siglo XV. Según sus propias declaraciones, encontró escrito el primer acto de la obra y la acabó en «quince días de vacaciones». A finales del siglo XV, en las ciudades, el clima vital era ya renacentista, ajeno a los ideales caballerescos y cristianos que reflejan las Coplas de Manrique. La Celes­tina ofrece una visión pesimista, de desorientación moral y social, que era común a|muchos escritores de la época y más acentuada, si cabe, entre los conversos. Fernando de Rojas representa el escritor moderno, universitario y urbano, que no procede de la aristocracia ni de la cultura eclesiástica.


Estudio de La CelestinaEl libro apareció en 1499, y en esa edición no constaba el nombre del autor. En 1502 se publicó una edición ampliada, con un prólogo donde Fernando de Ro­jas dice que escribió el libro para advertir a los locos enamorados de los peligros del amor, y justifica que ha añadido unos actos porque las gentes le pedían que ampliase los episodios amorosos. Esa edición también incluye unos versos acrós­ticos: a través de las letras iniciales se lee que Fernando de Rojas es el autor de La .Celestina. •El género literario. La Celestina es una obra dialogada que sigue el modelo de la comedia humanística italiana, que, a su vez, imitaba a los clásicos latinos Plauto y Terencío. En Italia, este tipo de composición se escribía en latín y se consideraba un teatro para ser leído, no para ser representado. En la comedia humanística abundaba lo sentimental y el análisis psicológico, aspectos que la asemejan a la novela. La Celes­tina, como comedia humanística, combina rasgos del teatro (la forma dialogada) y de la novela (el tono sentimental y psicológico y los frecuentes cambios de escenarios). •El argumento. El joven y noble Calisto ve casualmente a Melibea, hija de un gran comerciante, queda enamorado de ella y se declara en ese mismo momento; pero la joven lo rechaza.Aconsejado por su criado Sempronio, acude a la alcahueta Celestina para que lo ayude. El otro criado de Calisto, Parmeno, opone ciertos re­paros a la intervención de Celestina, pero ésta logra una complicidad de los criados prometiéndoles ganancias y proporcionándoles compañía femenina. La vieja alca­hueta visita a Melibea, le ablanda el corazón con mentiras y hechizos, y consigue que la joven proponga una cita con Calisto. El joven enamorado, feliz por la cita, regala una cadena de oro a Celestina. Los criados reclaman su parte de la recom­pensa a la alcahueta, pero Celestina se resiste a compartirla y muere en la disputa. Los criados Sempronio y Parmeno son detenidos y ajusticiados, mientras Calisto, ajeno a todo lo que no sea su pasión, los sustituye por otros y acude a una nueva cita. Cuando los amantes están en el jardín de Melibea, se oyen gritos en la calle y Calisto, al intentar escalar el muro para acudir en ayuda de sus criados, cae y muere. Melibea, tras explicar a su padre que su vida no tiene sentido sin Calisto, se suicida arrojándose al vacío desde una torre. El padre de Melibea cierra la obra manifestando su dolor y el sinsentido de un mundo regido por la Fortuna. •Los personajes de La Celestina son realistas y evolucionan a lo largo de la obra. En conjunto, parece que todos son arrastrados por las pasiones: Calisto y Me­libea actúan movidos por el amor, mientras que la codicia donxina a Celestina y a los criados. Sin embargo, cada uno de ellos muestra matices variados, como ocurre con las personas: son personajes diferenciados, que no responden a los modelos literarios anteriores. Un rasgo renacentista y novedoso de la obra es que los per­sonajes comparten un fuerte individualismo y una visión del mundo pagana y trágica: no se sienten culpables, sino víctimas de la caprichosa Fortuna que rige sus destinos. Por ello, ofrecen una visión pesimista y desolada, pues presentan el mundo como un caos. •El tema. La Celestina combina los tres temas del momento: fortuna, amor y muerte. La fortuna, el azar, mueve a los personajes medíante las pasiones y les conduce hacia la muerte. Sin embargo, junto a esta visión del mundo como un caos, el argumento encadena los acontecimientos con una sólida lógica de causa-efecto. Así, el final se presenta como algo inevitable, lo que aumenta el tono trágico de la obra. La fuerza de la pasión amorosa mueve a Calisto y Melibea, la codicia empuja a los criados y a Celes­tina, y todos van hacia la muerte víctimas de un des­tino incomprensible. •Intención de La Celestina. Fernando de Rojas dijo que había escrito la obra para «prevenir a los locos enamorados que, vencidos por su desordenado apetito, a sus amigas llaman edizen ser su Dios» y para avisar «contra los engaños de las alcahuetas y de los malos sirvientes». En ese sentido, la intención moralizadora parece clara, como en la literatura medieval, ya que presenta la muerte de los personajes como un castigo divino por su rebelión contra las normas morales de la época. Sin em-pargo, aparecen al mismo tiempo otros aspectos del texto que no son moralizan­tes, sino que reflejan la influencia renacentista y el pesimismo del siglo XV: el Individualismo de los personajes, la visión pagana y el sentido trágico, la sensuali­dad de ciertas escenas y la inclusión de un suicidio que no se condena. Esta visión global del mundo se resume en el monólogo del padre de Melibea que cie­rra el libro. •El estilo es el más variado de su época. En general, cada personaje habla como le corresponde desde una perspectiva realista. Por ejemplo, la clase alta -Calisto, Me­libea y sus padres- refleja el habla culta de la época, más retórica en el joven Calisto; los criados y las prostitutas, en cambio, usan el habla viva de la calle, espontánea y coloquial. Celestina, como la vida le exige, es el personaje que se mueve entre esos ambientes y se adapta con gran facilidad a las diferentes situaciones: es retórica con [Calisto y emplea el lenguaje popular con sus compañeras y con los criados.