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1. Moral y ética
Para ser persona en el pleno sentido de la palabra, para estar en for­ma, es preciso entrenarse en tres aspectos:
forjarse un buen carácter,
agudizar ese sentido para las cuestiones morales al que se ha dado
el nombre de conciencia,
adquirir criterios morales, sabiduría práctica.
Pero también hay ocasiones en que esos dos términos se usan con significados diferentes; por ejemplo, en las expresiones siguientes: «La moral del pueblo romano se caracterizó por la austeridad, la laboriosi­dad y la disciplina»; Y «La ética de algunos filósofos romanos subrayó los argumentos que invitan a la aceptación del destino
La moral forma parte de la vida cotidiana, mientras que la ética es un saber filosófico; la moral suele llevar «apellidos» que tienen que ver con tradiciones religiosas o con grupos culturales: cristiana, budista, ni­pona, esquimal, etc.; la ética los tiene filosóficos: aristotélica, kantiana,
etcétera.
2. Moral, derecho y religion
Moral, derecho y religión tratan de orientar las acciones humanas y, en este sentido, son saberes normativos, establecen normas. Los tres son necesarios para las personas Y se complementan entre sí.


La moral y la religión no sólo dan normas, sino que también se ocupan de averiguar qué es lo que hace felices a las personas, cosa que no es tarea Pero, incluso en lo que se refiere a las nor­mas, no es igual la forma de tratarlas. Al reflexionar sobre las normas podemos distinguir en ellas dos aspectos

el contenido, lo que manda o phohibe la norma, por ejemplo, no matar

la forma en que lo hace, por ejemplo bajo amenaza de castigo en el caso del derecho, como cuestion de conciencia en el caso de la moral o como prohibicion fdivina en el caso de la religion.

Aunque en ocasiones el contenido de determinados mandatos y orientaciones sea a la vez jurídico, moral y religioso, eso no significa que una de las tres formas de orientar la acción tenga que eliminar a las restantes, porque cada una de ellas tiene un modo de ayudar a las personas.
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3. Tareas de la ética
Para cumplir su cometido, la ética se enfrenta a tres tareas: ¡-;tratar de aclarar en qué consiste lo moral,
intentar fundamentar por qué hay moral,
procurar aplicar cuanto haya descubierto para orientar la acción en ~s distintos ámbitos de la vida personal y social.
En esta unidad nos ocuparemos del primer punto y en la siguiente expondremos las teorías más relevantes que han intentado cumplir las tareas propias de la ética.


2. La acción moral
1. No hay personas amorales

Las personas somos inevitablemente morales porque, a la hora de actuar, imaginamos distintas posibilidades, entre las que nos vemos obligadas a elegir, y además hemos de justificar nuestra elección, si queremos comportarnos como seres racionales. Imaginar posibilida­des, tener que elegir entre ellas y justificar la elección son tres mo­mentos de la estructura moral de las personas, que hacen que ninguna
sea amoral.
Un ser es amoral cuando actúa automáticamente y, por lo tanto, no es dueño de sus actos ni responsable de ellos. tste es el caso de los animales. Las personas, por el contrario, podemos comportarnos rno­ralo inmoralmente en relación con unas normas de conducta deter-
minadas, pero no somos amorales.
2. La forja del carácter
El termino etica procede del vocablo griego ethos que significa modo de ser o caracter igual que el termino latino mos del que procede moral, porque la moral y la etica se refieren al modo de ser o caracter que las personas vamos forjandonod. pero tambien significan costumbre, y es que, cuando ya nos hemos apropiado de determinadas propiedades, acaban convirtiendose para nosotros en costumbre.

Nacemos con un temperamento, un conjunto de sentimientos Y
pasiones, que resulta difícil modificar; también con un talante, e indu­so con un carácter que nos viene ya natural y socialmente dado. Pero podemos adquirir un nuevo carácter, al elegir por nosotros mismos
las propiedades que mejor nos realizan.
Por eso, según Zubiri y Aranguren, tenemos dos tipos de propieda­des: unas por naturaleza Y otras por apropiación. El ser humano, co­mo realidad moral, tiene necesariamente propiedades por apropiación.
Para adueñarse de una propiedad nueva es necesario repetir actos en una misma dirección, con lo que se consiguen unos hábitos de comportamiento. Si nos predisponen a obrar bien, se les llama virtu­des . si nos predispones a obrar mal se le llaman vicios.
3. La conciencia moral
«Conciencia», en general, significa «capacidad de percatarse de al­go». La «conciencia moral», en concreto, es la capacidad de percatarse de que unas formas de vida, valores o principios son más humanizado­res, moralmente mejores, que otros; es, pues, en primer lugar, la capa­cidad de captar los principios por los que distinguimos entre lo
moralmente bueno y malo.

La conciencia realiza tambien esta segunda funcion, la de formular juicios practicos, teniendo en cuenta los principios generales y los datos de la situacion

La mejor forma de comprender lo que exige un principio moral es tratar de aplicarlo. En el ejemplo anterior acerca de la mentira, lo im­portante no es que me quede tranquilo por haber dicho la verdad, sino ser consciente de que la mentira rompe la relación con otros y conmi­go mismo, los instrumentaliza y me instrumentaliza
En estos casos la conciencia cumple una tercera fun­ción, que es la función autocrítica: .
Si un ser carece de conciencia moral, como los animales o personas
disminuidas en sus facultades mentales, es absurdo recriminarle por al­guna acción, como si fuera responsable de ella. De la responsabilidad sólo se puede hablar cuando nos referimos a seres libres y conscientes, que han tenido la capacidad de optar y el conocimiento moral necesa-
rios para ser dueños de sus actos.